Psicología del feminismo
Magdalena Evans Civit
Nació en Buenos Aires, Argentina, donde se desempeña como Consultora Psicológica con Orientación Psicoanalítica y Escritora. Realizó, entre otros, un Posgrado en Psicoanálisis y una especialización en Psicopatologías graves. 

Ha sido parte del "Programa de Jóvenes Investigadores y Comunicadores Sociales" (edición 2015) de Fundación Atlas para una Sociedad Libre. 





La unión, la respuesta al problema de la existencia humana
 
El hombre está dotado de razón, es vida consciente de sí misma, Tiene conciencia de sí mismo, de su vida, de sus semejantes y de su entorno, así como de las posibilidades de su fututo. Esa consciencia de sí mismo en tanto entidad separada le produce angustia. Por otra parte, produce vergüenza y sentimiento de culpa.
 
 
El hombre de todas las edades y culturas, enfrenta la solución de un problema que siempre es el mismo, el problema de cómo superar la separatidad, cómo trascender la propia vida individual y encontrar compensación.
 
Las respuestas varían y dependen en gran medida del grado de individualización alcanzado por el   Sujeto. En el infante, la yoidad se ha desarrollado apenas él aún se siente uno con su madre. Luego del tan necesario distanciamiento de la madre para alcanzar dicho individuo su propia subjetividad, el yo comienza a formarse, no obstante surge el dilema de la separatidad y de cómo transcenderla de ahora en más.
 
En la sociedad occidental contemporánea, la unión con el grupo es la forma predominante de superar el estado de separación. En tanto paradigma de mi anterior afirmación, recurro al caso extremo del Feminismo y sus colectivos. Se trata de una unión en la que el estado subjetivo individual desaparece, y cuya finalidad es la pertenencia al rebaño. Si me adapto al patrón del grupo, adopto sus pensamientos y sentimientos acríticos, dicha masa me “salva” de experimentar la angustia del dilema humano de la separación y soledad.
 
Refiriéndome siempre al estudio de dicho paradigma feminista, el significado del término igualdad se ha distorsionado bajo sus premisas falsas. Desde una investigación psicológica, estos colectivos entienden por igualdad una automatización cuasi robótica de mujeres y hombres que han y deben perder la tan esencial individualidad que enriquece al mundo. Hoy en día, igualdad para estas organizaciones significa erróneamente “identidad”, antes que una sana unidad. Es la identidad de las abstracciones, de hombres y mujeres que tienen y deben tener idénticos pensamientos e ideas. Es una abolición de la subjetividad humana (derecho inherente a todos a ser diferentes del resto). En este sentido, es conveniente recibir con escepticismo ciertas conquistas celebradas como “signos de progreso”, tales como la igualdad de las mujeres en relación a los hombres.
 
Los aspectos de estas tendencias forman parte del movimiento hacia la eliminación de la diferencias inherentes y necesarias del ser humano. Ese es el precio que se paga por la “igualdad”, mujeres deben ser idénticas a los hombres en todos los sentidos, lo que indefectiblemente produce una sociedad patologizada. La proposición filosófica del Iluminismo” el alma no tiene sexo”, se convirtió en práctica general, como lo vemos todos los días en las calles con los colectivos feministas manifestándose en tanto rebaño. La polaridad de los sexos está desapareciendo, y con ella el amor erótico, el cual se basa en dicha polaridad. Hombres y mujeres idénticos. Mujeres predicando el ideal mitologizado y nefasto (en tanto mecanismo de negación de la otredad) de una igualdad no individualizada, porque necesita átomos humanos, autómatas, todos idénticos para hacerlos funcionar en masa, sin cuestionamiento crítico por parte de dichas organizaciones. Obedecen las mismas órdenes, los mismos patrones, y, no obstante, están convencidas de que siguen sus propios deseos y poseen criterio de pensamiento individual y propio. Gran farsa.
 
Pareciera que actualmente el proceso social requiriera la estandarización del humano, y esa estandarización robótica es llamada igualdad.
 
Imponen el pensamiento sesgado de que el supuesto Matriarcado era un tiempo de paz y armonía, una sociedad justa, que fue destruida por el hétero-patriarcado. Es lo que divulgan estas posmodernas en su mitificación e idealización de las cosas ordinarias, Es sabido que en las sociedades matriarcales jerárquicas al hombre sólo se le atribuía una función reproductora, El hombre no podía rechazar a la mujer (pena de muerte de por medio). De hecho, se solía matar al hombre tras su cometido.
 
Para concluir, el último sesgo postmoderno es pensar que lo que hace a un ser humano “mejor” o “peor” es en función de su sexo. Así hemos arribado a un feminismo radical y a una reivindicación del matriarcado que no es más que egocentrismo generocéntrico. Narcisismo egocentrista de un bajo nivel de consciencia, El hombre es el malo y opresor, por lo tanto, es él el que tiene que cambiar, yo en tanto feminista tengo todos los derechos sintiéndome víctima. Ojalá algún día entiendan estos colectivos que lo que diferencia a las personas no es su sexo ni raza, etc., sino su desarrollo de consciencia y su grado de desarrollo personal. No se trata de masculinizar a las mujeres ni de feminizar a los hombres, versión de un discurso Feminista totalmente insano en tanto imposición para la sociedad. No olvidemos que la cultura nos atraviesa en tanto Sujetos, como afirmaba el gran Lacan. Por lo cual es necesario generar una consciencia social cautelosa y crítica acerca de estos temas de la agenda socio-política actual.
 

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