Argentina: Impositivamente más cara que África, Medio Oriente y Sudamérica
Roberto Cachanosky
Economista. Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.



La vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, afirmó el fin de semana: “La idea de que primero se bajan los impuestos y después llegan las inversiones no funciona” y agregó: “Ya se probó con Macri y terminamos con un estado desfinanciado”.
Claramente la funcionaria parece no tener en cuenta que las inversiones no son función solamente de la carga impositiva, sino que, además, también de la estabilidad en las reglas de juego, la seguridad jurídica, la legislación laboral, las regulaciones, la existencia de moneda, de un mercado de capitales, etc. En definitiva, llama la atención lo endeble del argumento de la vicejefa de Gabinete.
De todas maneras, un simple ejemplo muestra que, la baja de impuestos produce estímulos para aumentar la producción. Durante el gobierno de Macri se eliminaron las restricciones a las exportaciones y se bajaron los impuestos de complejos cerealeros y cárnicos. Como resultado de esto la producción de maíz, que era un pésimo negocio en la era K, aumentó el 70%, la de trigo, que casi no alcanzaba para abastecer el mercado interno, creció 42% y las exportaciones de carne vacuna, que estaban en USD 1.046 millones en 2015 llegaron a USD 4.032 millones 4 años después.
En el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner la carne pagaba 15% de retenciones, pero además para obtener el ROE (Registro de Operaciones de Exportación) había que vender carne barata al mercado interno. Como resultado de esa política bajó la exportación de carne, cerraron muchos frigoríficos y se perdieron 20.000 puestos de trabajo.
De manera que con la eliminación de retenciones y regulaciones solamente, hubo un fenomenal incremento en la producción de granos y en la exportación de carnes que llegó a multiplicarse por cuatro.
Pesada bibliografía
Pero, además, parece que Cecilia Todesca desconoce la carga tributaria y la complejidad del sistema impositivo argentino. El primer dato a considerar son los impuestos que pagan las empresas en Argentina en los tres niveles de gobierno: nación, provincias y municipios. Como se sabe hay 166 gravámenes: 42 nacionales, 41 provinciales y 83 tasas municipales, según el relevamiento que hizo el director de Iaraf, Nadín Argañaraz.
Pero ya en 2004, el gran economista y tributarista rosarino, Antonio Margaritti decía: “Si uno quiere conocer las leyes impositivas que se le aplican para ser un buen contribuyente, tiene que recurrir a los libros especializados. La editorial La Ley, por ejemplo, las ha publicado bajo el título de “Impuestos” en 25 tomos. Es decir, las leyes impositivas vigentes que rigen para todos los contribuyentes están contenidas en 25 tomos de 1.290 páginas cada uno. En total, 32.250 páginas. Si una persona común se pone a leerlas para conocer sus obligaciones impositivas, tardaría cuatro años. Pero en ese lapso se habrán editado otros 25 tomos actualizados y, por lo tanto, siempre estaría atrasado.” Como puede verse, un destacado especialista en temas impositivos admite lo complejo que es el sistema para poder cumplir. 
Es más, muchos años atrás me invitó a almorzar el director de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) porque habíamos tenido un debate amable en radio sobre el sistema impositivo. Y reconoció que si hacía cumplir estrictamente el sistema impositivo argentino, generaría un caos social porque tendría que cerrar infinidad de pymes que no podrían cumplir con las regulaciones existentes. Literalmente el sistema tributario argentino era y es incumplible. Y eso lo saben hasta los mismos funcionarios. 
Basta con leer la ley de procedimiento fiscal para advertir que el contribuyente está indefenso ante el Estado. Llevando al absurdo esa ley, podría decirse que un responsable impositivo “puede ser fusilado al amanecer, en la plaza mayor y sin juicio previo” si así lo dispone la AFIP.
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El gráfico muestra los países que cobraban a sus empresas una carga impositiva superior a las ganancias obtenidas. En este cálculo de Doing Business del Banco Mundial, se estima con cuánto se queda el Estado, considerando los tres niveles de gobierno, del margen bruto de las empresas. La serie que comienza en 2005 muestra hasta 8 países que se quedaban con más del 100% de las ganancias de las empresas: Argentina, República Democrática del Congo, República Centro Africana, Burundi, Comoros, Sierra Leona, Bielorrusia y Gambia. 
A partir de 2013 solo quedaron en esa lista extrema Argentina y Comoros, el resto redujo drásticamente la carga tributaria.
Mientras en Argentina los tres niveles del estado (nación, provincias y municipios) se quedan con el 106% de las ganancias de una empresa, el promedio de Medio Oriente y África del Norte es del 39,1%; y África Subsahariana sube a 48,2% de las utilidades declaradas.
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Si se compara con Sudamérica, exclusivamente, la Argentina es también el más caro impositivamente, considerando, además, que el trabajo todavía no toma los estímulos impositivos que acaba de implementar Uruguay.
Pero, por otro lado, el sistema tributario argentino es tan complejo que las empresas requieren de asesores en la materia y puede estimarse que, trabajando 8 horas diarias, una empresa tiene que destinar 39 días laborales a liquidar los impuestos que establece el fisco argentino a pesar de ciertas simplificaciones que se establecieron en la era Cambiemos, aunque en la era K llegaron a destinarse 57 días. Casi dos meses de trabajo para determinar el monto de los tributos a pagar.
Con estos datos no debe sorprender que el trabajo informal sea tan alto. Cualquier empresa chica no puede sostener esa carga impositiva y tampoco asumir el costo de liquidar tantos impuestos diferentes. El sistema rechaza a todos aquellos que desean ingresar al mercado formal.
Si se junta la fenomenal carga impositiva sobre las empresas, lo caro y engorroso que es liquidar impuestos con la inestabilidad en las reglas de juego, la inseguridad jurídica y el escaso respeto a los derechos de propiedad, las regulaciones y el discurso anti empresa, no debe sorprender que crezca el número de empresas que quieren irse del país, que la pobreza estructural haya crecido hasta niveles alarmantes, que la desocupación sea una preocupación constante, y que el argentino medio esté harto de trabajar para el Estado para que sostenga a planeros y empleados públicos en cantidades industriales.
Después de ver estos datos, parece bastante evidente que la vicejefa de Gabinete no ha tenido que lidiar con el pago de impuestos, administrar personal, acatar regulaciones y demás trabas que debe afrontar cualquier persona que quiere establecer un negocio y crear puestos de trabajo.


Este artículo fue publicado originalmente en Infobae (Argentina) el 6 de octubre de 2020 y en Cato Institute.
 

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