Hola amigos y no tan amigos, aquí estamos, solos en la madrugada. Bueno, yo no tan sólo, recién Patricia Paltrow me envió una colección de simpáticas fotos del Correcaminos y su perseguidor siempre fracasado, el Coyote. "Flaquitogordito -me dijo, con esa voz de mujer suavemente salvaje que no me deja dormir cuando estamos juntos en algún lugar del mundo-, te mando estas fotos porque te conozco como si fueras mi otra mitad , y seguro estás pensando en escribir una nueva carta del ciberespacio para explicarle al ministro Kicillof algo sencillo que quizá no comprenda: que los argentinos quieren comprar dólares simplemente para no seguir perdiendo el valor de sus ahorros y su salario, nada menos. No porque son imperialistas, ni yankisni marxistas, menos porque están conspirando contra este gobierno para que se vaya cuanto antes, y mucho menos porque de repente se hicieron neo-neo-neoliberales.
Más aún, la mayoría de los argies que conozco no quieren que se vaya este gobierno, al contrario, quieren que se quede hasta 2015, y que haga lo que tiene que hacer y arregle lo que tiene que arreglar y se haga responsable de lo que se tiene que hacer responsable. Nadie quiere que el próximo gobierno nazca ya con una pesada herencia de inflación, corrupción, desgobierno y tantas cosas más que le impidan gobernar. Tanto es así que muchos argentinos, que han crecido duramente y comprendido el valor de la democracia y las instituciones, no quieren cambios, quieren estabilidad, quieren que un período democrático cumpla sus plazos, volver a votar y elegir a un nuevo gobierno. ¿Me seguís beibi?..
Claro que sí, la seguiría hasta el fin del mundo, así que asentí con la cabeza. Estábamos conversando por Skype, ella con la webcam de su IPhone porque estaba en su banquito, en Niúiork, en la Calle de la Pared, comprando y vendiendo a ritmo algo febril ante tanta volatilidad ambiente, y yo en mi escritorio, en Baires, frente a mi pantalla, con no menos de 10 ventanas abiertas y haciendo 20 cosas al mismo tiempo...
- Es cierto -le dije-, empezaba a escribir una nueva carta y las fotos que me mandaste son perfectas, beep beep.
Y me cortó, claro, siempre lo hace porque mientras habla conmigo está vendiendo bonitos o comprando stocks, o al revés, así que seguí con esta carta, no sin pensar que en unos días tenemos una Date en Ilhabela para huir del mundanal ruido, del frío ella, del calor yo, y brindar con unas guaranás en la playa de nuestra isla maravillosa adonde solemos encontrarnos unas veces por año para dormir cucharita, al sol y a la sombra, jugar al scrabel, leer juntos y otras tantas cosas sencillas. Si les dicen que la felicidad es otra cosa que mirar sus ojos de colores, no les crean.