La identidad “X”

Rogelio López Guillemain
Autor del libro "La rebelión de los mansos", entre otras obras. Médico Cirujano. Especialista en Cirugía Plástica. Especialista
en Cirugía General. Jefe del servicio de Quirófano del Hospital Domingo Funes,
Córdoba. Director del Centro de Formación de Cirugía del Domingo Funes
(reconocido por CONEAU). Productor y conductor de "Sucesos de nuestra
historia" por radio sucesos, Córdoba.
Respeto el derecho individual de cada
quien a vivir su sexualidad como mejor le plazca, siempre y cuando esta
elección no afecte los derechos de terceros.
Antes
de abordar mi análisis del decreto N°476/21, el cual habilita a colocar una “X”
en el apartado sexo de los documentos emitidos por el estado argentino, y
teniendo en cuenta que mi opinión es opuesta al discurso políticamente correcto
impuesto por el progresismo (progresismo que en realidad es regresismo),
consideré necesario (cosa que no debería serlo) aclarar mi absoluto apoyo al
derecho que tiene todo ser humano de “buscar su propia felicidad”.
Hecha
esta aclaración, comencemos a desandar el decreto.
Olvidate de viajar…
El
artículo 9° advierte acerca de: “las
posibilidades de ver restringido el ingreso, permanencia y/o situación de
tránsito en aquellos Estados en los cuales no se reconozcan otras categorías
de sexo que no sean las binarias”.
¿Se entiende? Quien realice esta
modificación en su documento, va a tener serios problemas para viajar al
exterior. No sé vos, pero yo no le pido
el DNI a todo el que se me cruza para ver que dice en el casillero sexo. Esta obsesión progre por deconstruirnos, solo
le trae dolores de cabeza a quienes pretende beneficiar.
Veamos
un poco cual es el problema del sexo “X” en el pasaporte. Los documentos de identidad que se usan en el
mundo tienen un sistema de codificación con ciertos criterios en común. Esto permite que inmigraciones pueda leer e
interpretar cualquier documento, incluso los emitidos en idiomas que no usan el
alfabeto. La Organización de Aviación
Civil Internacional detalla en su documento nº 9303 por ejemplo, el modo en el
que se “traducen” los símbolos árabes a nuestro abecedario.
Países
“súper desarrollados” como Nepal, Pakistán o Bangladesh permiten opciones no
binarias en el apartado sexo del documento, y como es necesario que todos los
campos de la identificación estén “ocupados”, se usa el símbolo “<” como
“relleno” del espacio para la lectura electrónica de los documentos (ZLM), y
para la zona de lectura visual (ZIV) se coloca la letra “X”.
Este
acuerdo internacional no se pensó para adecuarse a la perspectiva de género de
algunos, su fin es generar un código en común que permita identificar en
cualquier parte del mundo, a un delincuente con pedido de captura, a un
desaparecido o a una mujer raptada para trata de blancas.
Una
cosa que me resulta muy llamativa, es que propongan la letra “X”. Este carácter se asocia a la idea de
incógnita, de algo secreto, desconocido, oculto; es casi lo opuesto a la idea
de identidad o de reconocido, situación que los propios afectados lo expresaron
al grito de “no somos una X” en el acto de presentación de este mamarracho
ideado por el gobierno.
El problema es más profundo
Vamos
ahora al punto central del tema. El
artículo 4 dice: “la nomenclatura “X” en
el campo “sexo” comprenderá las siguientes acepciones: no binaria,
indeterminada, no especificada, indefinida, no informada, autopercibida, no
consignada; u otra acepción con la que pudiera identificarse la persona que no
se sienta comprendida en el binomio masculino/femenino”.
La
RAE define sexo como la “condición
orgánica, masculina o femenina”, pero más allá de esto, toda la ciencia
médica reconoce la existencia dos y solo dos sexos (salvo situaciones
patológicas). Cualquier otro “sexo” es
ilusorio, es un problema de disociación cognitiva de la realidad de parte de
quien lo asevera.
Más
de uno dirá que soy homofóbico, lo cual no solo es falso, sino que además
resulta irrelevante y contradictorio.
Intencionalmente confunden homosexualidad con identidad de género, o
sea, colocan como sinónimos orientación sexual y sexo.
Una
persona puede sentir atracción sexual en lo físico y/o emotivo por un individuo
del otro sexo, del mismo, de ambos o por ninguno. Esta preferencia no implica un
desconocimiento de su propia realidad orgánica.
Una
persona homosexual desea a individuos de su mismo sexo, o sea, reconoce su
propio sexo biológico, no pretende cambiarlo ni inventar uno nuevo. Creo que es muy positivo que una persona
reconozca y vivencie sus apetencias sexuales sin sentir culpa o vergüenza,
sobreponiéndose a los prejuicios y/o a las expectativas personales, familiares
o sociales. El asumir la realidad de sus
preferencias sexuales le evita padecer conflictos psicológicos y emocionales.
La
pregunta siguiente sería si la libertad en las preferencias sexuales debe ser
absoluta. La respuesta es claramente no.
Si no fijamos ciertos límites basados en valores éticos, morales y hasta
de buen gusto; estaríamos aceptando y validando, por ejemplo, el deseo sexual
por niños, por muertos o animales, algo considerado enfermizo prácticamente por
todo el mundo.
La
situación es muy diferente cuando se habla de identidad de género, esta
ideología desconoce y rechaza el sexo biológico, busca hacerlo desaparecer y
reemplazarlo por aquel con el que la persona se “auto-perciben”.
La
ley 26.743 miente al decir que el sexo se “asigna” al nacer. En realidad, este se “reconoce” y se
“asienta” en ese momento. El sexo de la persona es una realidad inmutable, no
se puede cambiar ni con cirugías ni con hormonas. Si avalamos la fantasía que asegura que
alguien puede convertirse mágicamente en hombre o mujer y pretendemos ser
consecuentes y no contradecirnos en nuestro razonamiento, entonces debemos
aceptar también que se pueda cambiar del mismo modo la edad, la raza o la
altura. No existe un fundamento
lógico-racional que justifique una consideración diferente. Una persona puede estar disconforme con “lo
que le ha tocado”, pero eso es algo muy diferente a negarlo y
desconocerlo.
El
posmodernismo promueve esta ilusión mediante el juego de palabras y los
discursos grandilocuentes. Por ejemplo,
en un esfuerzo patético y delirante llama a una mujer “persona gestante o
menstruante” con el único fin de negarse a reconocer la realidad, por negarse a
reconocerla como mujer.
Incluso
esta enfermiza negación de la realidad puede traer serios problemas de
salud. Por ejemplo, una mujer que se
auto-percibe hombre, rechazará un diagnóstico de cáncer de útero o de ovario
porque ella no es mujer.
El
desconocimiento de la propia realidad acarrea trastornos psicológicos que
fueron redefinidos en el DSM 5 como disforias.
Este cambio de rótulo responde a presiones políticas e ideológicas que
se llevan a las patadas con la ciencia.
El DSM 5 presenta sinsentidos dentro de su redacción, por ejemplo,
considera al fetichismo o el travestismo trastornos, siendo que estos no niegan
la realidad biológica, mientras “suaviza” la negación del propio sexo biológico
llamando a este trastorno disforia de género.
Este
desvarío que describí es mucho más grave y profundo que una simple “X” en un
documento. En 1965 Marcuse dijo “lo personal es político”, esta frase
pretende destruir nuestra privacidad y convertirnos en un “bien público”.
Está
en tus manos el reclamar tu derecho a ser dueño de tu vida.
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