Un gobierno extravagante con un absurdo discurso opositor
Sergio Crivelli



El kirchnerismo sufrió un revés histórico en las primarias, pero es impermeable a la realidad e insiste con la estrategia que lo llevó a la derrota. Testimonio de esta situación son dos errores cometidos en el feudo de Cristina Kirchner, el Congreso, que sólo se explican por el aislamiento mental en que vive la dirigencia del Frente de Todos.
El hijo de la vice, Máximo, convocó el martes a una sesión en Diputados agitando como bandera de campaña la ley de etiquetado de alimentos en un país donde parte importante de la población revuelve en la basura para poder comer. Pretendía descolocar a los opositores que no daban el quórum para un proyecto sin duda valioso, pero que sólo puede parecer imprescindible y urgente al electorado “K” de Palermo sensible.
El problema es que el oficialismo padeció la mayor sangría de votos en los sectores más marginales del conurbano. Esos que andan todos los días empujando el carrito por las calles porteñas y no se distraen leyendo etiquetas. ¿A quién le habla la campaña kirchnerista?
Para peor Máximo no pudo reunir el quórum lo que puso en evidencia su impotencia y la fuga de aliados que antes de las PASO se sentaban en las bancas a cambio de alguna contraprestación. Esta debilidad ocurre porque como decía un reconocido baqueano parlamentario el kirchnerismo comienza a “oler a pino”.
Este ambiente de época tiene que haber pesado también en la renuncia de la jueza Elena Highton que dejó a la Corte Suprema despoblada de kirchneristas, un problema extra para la vice.
Por su parte la madre de Máximo no lo hizo mejor. Convocó a la primera sesión presencial del Senado en más de un año y medio para criticar a Mauricio Macri y rechazarle la rendición de cuentas del presupuesto de 2016. Hizo campaña con un presupuesto de hace 5 años en medio de la crisis económica devastadora modelo 2021.
A pesar de que las relaciones entre el presidente y la vice están rotas, ambos coinciden en desentenderse de la mala gestión propia. La vice le echa la culpa al presidente que ella eligió; el presidente se la hecha a su antecesor. Surrealismo puro.
En un acto convocado por los piqueteros Fernández aseguró que “mientras ellos sonreían en Miami (ellos por Macri y sus colaboradores) yo sigo aquí peleando con el FMI”, lo que supone ignorar que esa es su función por tratarse del presidente en ejercicio. En pocas palabras el presidente y la vice juegan a ser opositores de la oposición, a pesar de tratarse de un entretenimiento que ya demostró que no les acerca votos.
En tanto, en la Argentina real la situación empeora. El gobierno tuvo que apretar el cepo cambiario aumentando las trabas a las importaciones lo que más temprano que tarde impactará sobre la producción que se abastece de insumos importados. La causa de la medida es la presión cambiaria y la pérdida de reservas. El resultado, que aumentará la actual brecha -ya del 80%- entre el dólar oficial y sus demás variantes.
En síntesis, las medidas que toman el ministro de Economía y el titular del Banco Central no resuelven los problemas, sino que demoran sus efectos hasta después de las elecciones o al menos eso se espera.
A lo que hay que agregar que, en lugar de proponer alguna solución viable, el oficialismo dedica la mayor parte de sus esfuerzos en criticar a la oposición, pero sólo cuando las peleas internas le dejan un rato libre.
En la antesala del viaje de Martín Guzmán al FMI Máximo Kirchner declaró que cada dólar que se pague al organismo es “un dólar menos para el pueblo”. Una combinación de demagogia, fuego amigo, persistencia en el error y anarquía que aumenta la desconfianza en cualquier ensayo para atenuar la crisis.
No hay inversiones ni recuperación económica posible mientras no se defina quién gobierna y con qué plan piensa tacklear la crisis.
De todas maneras el principal obstáculo para que el Frente de Todos remonte el resultado adverso de las PASO a esta altura ya es menos de naturaleza económica o política que subjetiva: la confusión inagotable en que parece debatirse Alberto Fernández.
En el mismo párrafo que le dedicó a Macri por su viaje a Miami anunció que va a cumplir sus promesas de 2019. Pidió una renovación de la fe, al mismo tiempo que admitía que no cumple sus promesas. Y ¿cuál fue el argumento al que apeló para justificar semejante confesión? “Acá estamos los mejores” les aseguró a los 40 mil planeros que el oficialismo gusta llamar “militantes”.
En esa autopercepción extraordinaria, en esa fe en sí mismo que nada parece justificar y que el presidente comparte con su vice radica  la principal dificultad para cambiar de rumbo, para recuperar el voto perdido y evitar una segunda derrota con consecuencias terminales para el kirchnerismo.

Publicado en La Prensa.

 

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