Dos trincheras del “statu quo”: la CGT y el Senado peronista
Sergio Crivelli


Como era previsible el desempeño de la economía empezó a modificar el escenario político. Al mismo ritmo que crecen las expectativas de que el plan del gobierno logre controlar al menos temporariamente la crisis heredada (ver “Una preocupación en descenso”) los distintos sectores de la oposición empiezan a reposicionarse.
Los más duros --que gobernaron hasta hace apenas cinco meses-- confiaban en que el ajuste debilitaría al presidente, pero al ver que eso no ocurre, resolvieron acelerar su ofensiva en los escenarios que dominan: el sindical y la Cámara de Senadores.
Cristina Kirchner puso fin a su silencio y dispuso que su numeroso bloque de senadores nacionales presentase una oposición cerrada a los proyectos oficialistas. La CGT lanzó su segundo paro contra Javier Milei con un resultado controvertido y en medio de divisiones de su cúpula.
El triunvirato que maneja la central obrera no se destaca por su sutileza política. Fue al choque abrazado a la ex presidenta, una dirigente a quien cada vez más peronistas evitan. La jugada tuvo un resultado pírrico. Según un informe de CAME, el paro logró una adhesión promedio del 30%, a pesar de la paralización casi total del transporte. Fue fuerte en la CABA y el conurbano, pero débil en el interior.
Funcionó menos del 20% del transporte público, pero el comercio lo hizo en un 90% y la industria pyme en más del 80%. En pocas palabras, los cegetistas leyeron mal la situación. No sólo soportan un desprestigio descomunal, sino que demuestran su distanciamiento de los trabajadores que hoy no están en condiciones de perder un día de trabajo.
A lo que hay que agregar que la embestida más allá de la habitual controversia sobre niveles de adhesión le hizo un favor al gobierno al permitirle polarizar con una de las corporaciones más desacreditadas, uno de los pocos ámbitos en los que después de cuatro décadas aún no pudo entrar la democracia y que tiene dirigentes millonarios con trabajadores cada vez más pobres. Una cofradía que vive en la década del 40 y se aferra al “statu quo” mientras el salario de sus afiliados se pulveriza.
El otro ámbito de poder en el que el kirchnerismo se atrincheró fue el Senado donde tampoco parece haber pasado el tiempo. Allí en 1984 la mayoría peronista hizo naufragar el proyecto de democratización sindical de Raúl Alfonsín y 15 años después le infligió una derrota letal a otro radical, Fernando de la Rúa, con una falsa denuncia sobre coimas.
En el presentes caso la historia podría no repetirse porque si bien el kirchnerismo está cerca del quorum propio, desde que la ley de bases y la reforma fiscal se aprobaron en Diputados no consiguió una sola adhesión extra. Pudo en cambio demorar su trámite para no darle a Milei el triunfo político de celebrar el pacto del 25 de mayo con ambas normas sancionadas. Pero el oficialismo aceptó hacerle cambios para superar el escollo de la Cámara alta.
Resultó llamativo el efecto político de las dos normas sobre los bloques “dialoguistas”. Hubo un realineamiento paralelo al que está provocando la gestión económica del dúo Milei-Caputo, una divisoria de aguas entre quienes apuestan por el fracaso y la profundización de la crisis y quienes buscan convivir con el nuevo dispositivo de poder.
Sin liderazgo efectivo el bloque radical se partió. Cuatro de sus trece miembros no habían definido su voto hasta ayer.
El más notorio, Martín Lousteau, criticó las iniciativas con dureza. Se animó a sembrar la sospecha de si su intención real no era la de favorecer el lavado de dinero.
Lousteau, además de ex ministro de Cristina Kirchner, tiene sintonía con Sergio Massa, que todavía se mantiene en silencio, y con Horacio Rodríguez Larreta a quien quería ubicar en el ministerio de Economía, si Massa ganaba el balotaje.
La senadora del PRO Guadalupe Tagliaferri, alineada con Rodríguez Larreta, también cuestionó las iniciativas oficiales con un brío opositor tan sorprendente como furibundo.
Por su parte el bloque macrista (si así puede seguir llamándoselo) de seis integrantes perdió uno, ya que Tagliafierri reclamó cambios para votar positivamente.
En resumen, la sanción de las normas en territorio históricamente peronista depende del pronunciamiento de una docena de legisladores de bloques minoritarios y ligados en buena parte a gobiernos provinciales.
Esto es posible porque el kirchnerismo no logró sumar votos, fenómeno atribuible a que nadie quiere votar junto con la tropa de la ex presidenta (al parecer ni siquiera Lousteau) y la oposición “dialoguista” está tan atomizada que La Libertad Avanza con sólo siete bancas podría terminar ganando la partida.
Así se reorganiza el escenario político a cinco meses del ingreso de Javier Milei a la Casa Rosada.

Publicado en La Prensa.

 

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