Matías Enríquez
Participante del
Programa de Jóvenes Investigadores y Comunicadores Sociales 2020. Periodista argentino
que ha trabajado en diferentes medios de comunicación, actualmente dedicándose
a la comunicación institucional de organismos de gobierno. Trabajó en
diferentes medios gráficos como El Mundo (España), Marca (España) y ESPN-La
Revista (Estados Unidos), en radio y TV. Fue corresponsal, redactor, movilero,
editor, columnista, conductor y productor. También se desempeña como docente en
talleres de Comunicación, Periodismo y Argumentación. Ha publicado columnas de
opinión en diferentes medios como Infobae, Diario Perfil, ADN Ciudad,
Mundiario y Visión Liberal, entre otros.
Hace ya algunos años que
los influencers han revolucionado la manera en que las personas acceden a la
información, mucho más desde la proliferación de los canales de streaming.
Desde el humor y la ironía hasta algunos más comprometidos con el análisis periodístico,
estos nuevos sujetos informativos han logrado diseñar estrategias para alcanzar
audiencias masivas y establecer conexiones más personales que han transformado
el tablero mediático tradicional.
“Con discursos de odio que
han agitado el discurso público y con más anclaje en la emoción que la razón,
en la arena política digital, los influencers (¿“voceros”?) no solo compiten,
sino que derrotan los números de los programas periodísticos más
tradicionales.”
A fines del año pasado, la
UNESCO reveló un informe llamado “Detrás de las pantallas” que, entre otras
cosas, señalaba que el 62% de ellos no realiza verificaciones rigurosas antes
de compartir informaciones con su audiencia. El estudio no solo es novedoso por
ser uno de los primeros análisis globales que investiga y examina las prácticas
de estos verdaderos formadores de opinión como son los influencers, sino que ha
dado a conocer resultados preocupantes como la evidente difusión de contenidos
falsos, por la falta de chequeo de los mismos.
No obstante, el mismo
estudio revela que la mayoría de esos influencers han expresado su deseo de
recibir capacitaciones, aunque no queda del todo claro si este comportamiento
encuentra su correlato en los que se abocan a cuestiones políticas, donde la
confirmación de los sesgos cognitivos y los prejuicios conspiran con el
análisis más racional.
Otro dato curioso del
informe, que contó con la participación de más de 500 influencers de 45 países,
es que casi la mitad de los creadores consideran los “me gusta” o los
contenidos compartidos como un indicador de veracidad. Es indudable que
depositar la confianza en estas métricas solo lleva a conclusiones erróneas por
la manipulación de las métricas (producto del accionar de bots, cuentas falsas
y granja de clics), la creciente polarización (que reafirma los propios
sesgos), la manipulación visual y algunos incentivos un tanto más
controvertidos como el sensacionalismo producido por el afán del clickbait y la
desinformación patrocinada.
Los influencers se han
erigido como actores imprescindibles para que las personas accedan a la
información y es por ello que es tan valioso su aporte para combatir la
desinformación. Desde su fuerte irrupción, han logrado democratizar la
información, a través de una gran confianza y credibilidad por parte de los
usuarios.
Desde ya que es sano que
la mayoría de ellos quieran interiorizarse en conocer más sobre las
consecuencias, tanto individuales como colectivos, de la desinformación. Pero
también es fundamental que, a diferencia de lo que ocurre en muchos medios,
ellos si tengan el tiempo y el espacio para conocer más acerca de esta
problemática.
Que dicha acción sea
brindada por la propia UNESCO y el Centro Knight para el Periodismo en las
Américas con el objetivo para preparar a los influencers para hacer frente a la
desinformación y el discurso de odio es una muy auspiciosa iniciativa.
Precisamente esos discursos son los que, voluntaria o involuntariamente, los
creadores de contenido propagan en muchísimos casos, mucho más en esta última
década tan crispada en la política de nuestro país…y el mundo.
Los influencers tienen un
impacto significativo en el acceso a la información, tanto positivo como
negativo. Es fundamental que los usuarios sean críticos y verifiquen la
información que consumen en las redes sociales. Asimismo, las plataformas deben
tomar medidas para combatir la desinformación y promover la transparencia. Como
siempre sostenemos, la alfabetización mediática (y ahora también tecnológica)
será crucial para que, al menos en el plano individual, se de la batalla y no
sigamos siendo víctimas de la manipulación y las falsas narrativas que
contaminan la atmosfera digital.
Publicado en diario Perfil.