Elena Valero Narváez
Historiadora, analista política y periodista. Autora de “El Crepúsculo
Argentino. Lumiere, 2006. Miembro de Número de la Academia Argentina de Historia.
La
corrupción se da en todo grupo humano con cierto grado de complejidad, puede darse en organismos estatales y privados
como instituciones, partidos, empresas, clubes etc., pero el mayor foco de
corrupción se da en la actividad pública. Existe una marcada diferencia en la
naturaleza y niveles de corrupción entre un régimen político regimentado,
totalitario, o autoritario, y uno
democrático con economía de mercado. En las democracias liberales y
capitalistas, donde los ciudadanos están sometidos a un poder controlado por
otros poderes y se respeta a las minorías, se observa que las normas son menos
arbitrarias, las desregulaciones aumentan la observabilidad de quienes gobiernan y
disminuye, con la empresa privada, una elevada fuente de corrupción: la
burocracia estatal.
Los
políticos estatistas y dirigistas llevan, inexorablemente, a la abolición de múltiples poderes
espontáneos de la sociedad civil creando una acumulación enorme del poder en el
Estado y, con ello, una enorme burocracia que desarrolla un nivel alto de
corrupción y a la par una disminución de la libertad y de la supremacía de la
ley. Pensemos en el gobierno de Nestor y Cristina Kirchner: ¿Cuál ha sido la
Justicia, la igualdad jurídica y el sentido de honradez de que habla la
bandolera?: honra para quienes en ejercicio de indebidas atribuciones públicas
robaron al país millones de dólares en actos de inconsciencia criminal.
El
fenómeno Cristina está asociado en buena medida a la dialéctica adecuada:
teorías e ideas falsas, mentiras a piacere han obtenido un excelente resultado.
Sus seguidores ciegos a la realidad la consideran la Madre Teresa. .Las
explicaciones racionales y la comprensión de los problemas no juegan un papel
importante para ellos, si la ideología y el liderazgo. No les importa la
condena a 6 años de prisión por la causa
Vialidad donde direccionó obra pública a favor de un testaferro, Lázaro Baez,
ni las de Dólar futuro, ni el Memorándum con Irán, Hotesur y los Cuadernos de la corrupción. Ni
siquiera una sociedad libre de estructura democrática. No tienen en cuenta que fue la inflación que
produjo ese gobierno la que generó la perdida de la capacidad adquisitiva de
sus salarios, hizo cada vez más penosos
los consumos necesarios, y empobreció al país arrastrándolos a
dificultades y molestias cada vez mayores. Fue por ello que buena parte de la
sociedad votó la presente política
económica y la lucha por eliminar de la política a la principal responsable del
desorden que todavía perdura y que el gobierno decidió atacar. Javier Milei ha tenido mucho que
ver en demostrar las falacias de la
dialéctica del kirchnerismo, de la cual es campeona la ex presidente, al punto
que hasta los que aceptan sus robos la defienden como si fuera Robin Hood.
Cristina
ha escapado al problema de la inflación porque es más fácil para un político
populista correrse de las dificultades, sobre todo si enfrentarlas trae reacciones sociales. En esto se diferencia
enormemente del presidente Milei, quien le ha puesto el pecho al déficit fiscal
generador del flagelo inflacionario.
Cistina Kirchner es de los políticos que han
sustituido con un plan los mecanismos
espontáneos de la economía de mercado, tal como precios, competencia, iniciativa
privada, entre otros, por técnicas defectuosas, interferencias burocráticas y
limitaciones a las libertades individuales. Bajo el régimen de libre mercado
los funcionarios en vez de poner trabas que coartan la energía y creatividad de
las personas, se esfuerzan por anular
todas las tendencias monopolizadoras o de cualquier otra índole que dificulten
sus actividades.. El mercado no resuelve todos los problemas, muchas veces está
imposibilitado de actuar pero es el mejor sistema para encarar las dificultades
que se presentan. El Estado debe actuar cuando algún problema escapa a las
posibilidades de la actividad privada, pero no hacerlo cuando ella existe.
El kirchnerismo se reservó la posibilidad de
distribuir la riqueza como si ello fuera un fin del Estado y se cree respetuoso
del orden constitucional. Error, bien lo especificó Alberdi cuando dijo: “Para
proteger mejor el fin social de la
riqueza, la Constitución argentina ha preferido la distribución libre a la
distribución reglamentaria y artificial. La distribución de la riqueza se opera
por si sola tanto más equitativamente cuanto menos se ingiere al estado en imponerle
reglas“.
La
mayoría de los políticos adoran las nacionalizaciones de empresas: creen en el
error que significa la gestión de los gobiernos en el campo de la industria y
el comercio, sin notar que los funcionarios públicos no se hallan preparados para
desenvolverse con eficacia. Tampoco pueden contrarrestar las presiones políticas
que los asedian para inclinar las administraciones al favoritismo y el
dispendio. La corrupción resulta inevitable en esa esfera, cualquiera sea la forma con que se presenta. Lo vemos claro en la politización a las que
fueron llevadas las empresas durante el gobierno anterior.
El Congreso fue testigo de todos los actos de
corrupción a medida que se producían y estaban mejor informados que el resto
del país: fueron contados con los dedos de una mano quienes los denunciaron y
trataron de evitarlos. Poco hicieron para desalentar esa mentalidad estatista
dirigista y distribucionistas. Han sido participes de los errores en los cuales
han tenido en alguna medida directa o indirecta participación.
Es por
ello que el Gobierno actual se debe preocupar porque las medidas que inexorablemente
deberán tomar cuenten con el apoyo, o al
menos la tolerancia, de la opinión
pública. Mantener bien definido el rumbo y el contacto con la sociedad para
hacerle conocer la política que se lleva a cabo es indispensable. No debería desechar a los medios de prensa sino tenerlos
en cuenta como instrumentos necesarios que permiten un contacto directo con la
gente. Son, también, de vital importancia en la orientación del
comportamiento ciudadano.
Se
debe mantener el esfuerzo que está haciendo este gobierno: si no ayudamos a
consolidar la situación presente; si no
permitimos que se mantengan de aquí para adelante, el futuro que se puede
prever es de confusión y caos. Los que aún no lo han percibido creyendo
que hay remedios fáciles no se dan cuenta que nadie puede solucionar los
problemas actuales solo, se necesita de apoyo, de la continuidad de la
confianza. Ello dependerá de los sectores que rechazan las políticas del
gobierno anterior como también sus infantiles y ridículas actitudes, como las de Cristina Kirchner: bailar en el
balcón de su casa sabiendo que le esperan 6 años de reclusión. O tal vez me
equivoque y su baile y alegría se deben a que,
sabiendo que en Argentina no
todos son iguales ante la ley, en vez de
recibir el trato de una condenada común, tendrá muchos
privilegios. Es increíble, para el que
no sabe los estragos que hace el populismo, verla haciendo pantomimas en el balcón
recibiendo la ovación de gente a la cual robó descaradamente.
El
gobierno si hace lo que hay que hacer, recibirá andanadas de críticas de los
sectores que hoy respaldan a la ex presidente sin analizar la enorme responsabilidad
que tuvo en el atraso del país. Dice que van a volver, todo puede ser en la
Argentina, pero si ello ocurriera, podemos estar seguros, que sería trágico para todos los argentinos.