Elena Valero Narváez
Historiadora, analista política y periodista. Autora de “El Crepúsculo
Argentino. Lumiere, 2006. Miembro de Número de la Academia Argentina de Historia.
El
plan de transformación del presidente Milei, con sus luces y sus sombras, nos
ha permitido salir del período de máxima
tensión que implicó enfrentar la caótica situación que se vivió al fin del
gobierno de Alberto Fernández. Pero todavía no podemos cantar victoria, parte
importante del plan de cambio no llegó a concretarse y ello asusta un poco pues
podría llevar a un retroceso si no se dan las condiciones para apurar el paso. No
solo por las dificultades del proyecto de cambio sino también por los
conflictos políticos derivados de la forma en que se avizora la campaña
electoral. No está asegurado el éxito
del plan anunciado en el Pacto de Mayo si no se aprovechan las bases para la
recuperación que se han sostenido hasta ahora. Es necesario enmendar los
errores, insuficiencia, y defectos de su
ejecución y consolidar lo ya realizado
completando la segunda parte.
En la
actualidad no hay un buen debate político todo se reduce a luchas internas por
el predominio y la puja por ocupar posiciones de poder. Hasta el lenguaje que
se emplea por los candidatos en pugna deja mucho que desear impidiendo un
debate serio por la marcha de la economía. Se le suman los conflictos y
actitudes personales de la mayoría de los políticos: casi todos no reconocen la importancia del mantenimiento
del rumbo iniciado por el gobierno. El quid de la cuestión es saber si se podrán
mantener las ideas liberales o triunfarán como siempre ha sido, las socialistas, mediante una tercera posición que ha
demostrado históricamente que no soluciona los problemas recurrentes del país y
constituyó la causa de su declinación durante décadas. Argentina se decidió por
un sistema dirigista, estatista, y de economía cerrada de inspiración
socialista. Milei se ha decidido por lo contrario reemplazarlo por una economía
de corte liberal., la tarea, hay que reconocerlo, es
inmensa, plagada de dificultades, con el
agravante de que buena parte de la sociedad la rechaza impregnadas sus cabezas
de la eterna predica socialista. Se entiende poco, en Argentina, que la dinámica capitalista
responde, para su funcionamiento, a un tejido cultural perfectible, de base
ética, basado en la confianza, la credibilidad,
la honestidad, la no violencia, la responsabilidad personal en el cumplimiento
de los contratos, la transparencia en su ejecución y a la buena voluntad en los
intercambios.
El
problema del Gobierno es que se le impidió realizar un programa integral desde
el primer momento en que asumió la administración de la República. Se avanzó
decididamente en acabar con el déficit fiscal y la inflación, fue un gran progreso
pero no pudo ser un plan completo, le queda mucho por hacer, lo que acarrea un
peligro, dadas las circunstancias actuales,
de un retroceso o un
estancamiento en la marcha de la solución de los problemas nacionales.
La
nueva política consiste en establecer la libertad económica, poner en marcha la
economía de mercado con apertura al exterior y asegurar la estabilidad
económica. El más notable de los logros fue
la disminución enorme, en un plazo
muy corto, de la inflación, falta que se
estabilicen los precios, es cuestión de tiempo.
El
gobierno ha logrado, pese a las
dificultades, una aceptable
transformación socio económica que si bien no ha podido ser completada ha
producido un gran avance. De la naturaleza de las medidas que se adopten en
esta segunda etapa, y de las condiciones políticas existentes dependerá el
resultado que pueda tener este proceso de transformación en la Argentina. Falta
una reforma laboral que libere el mercado del trabajo, la reforma tributaria y
del sistema impositivo, entre otras cosas.
La abolición de todos los controles de la
economía, confianza, reformas e inversiones, más producción, pueden lograr lo que en otros países se ha
llamado milagro. No podemos aceptar mas cataplasmas, solo un programa global y simultaneo que tenga
en claro las causas que nos condujeron a los reiterados procesos
inflacionarios. El desarrollo de la
economía es en estos momentos ambivalente, por un lado existe, como señalamos, un fuerte dinamismo en determinados sectores
que provoca la expansión en muchas actividades económicas y por otro lado hay
síntomas de recesión en otras áreas y perspectivas de que la misma se vaya
acentuando.
El Dr.
Domingo Cavallo, quien ha aprendido de
sus errores, propone abrir el cepo
cambiario, no solo a las personas sino a
las empresas, o sea una completa liberalización cambiaria y financiera para
ayudar a consolidar la estabilización. Alerta sobre el peso sobrevaluado, es
peligroso cuando se está abriendo la economía y la competencia externa es más
fuerte de lo habitual. Escuchar opiniones razonables podría ser para el
Gobierno una buena opción. No debería desaprovechar la gran oportunidad que le
ha brindado la gente, ver con claridad
el camino a seguir, abandonar para siempre el manejo tecnocrático de las variables
económicas, en resumen: libertad y competencia. Queda pendiente el
funcionamiento en pleno del sistema laboral, terminar con las reformas del Estado,
la reforma impositiva y arancelaria continuar con un firme proceso desregulatorio
y de privatización de las empresas públicas.
Explicar
lo que viene, es prioritario, para que
sea entendido e inspire confianza y permita respaldo económico. Conseguirlo implica
ver a los funcionarios como un grupo creíble.
Deberán convencer de que tienen en claro no sus ideologías, tabúes, e intereses sectoriales, sino el
interés supremo del país y, por
supuesto, la confianza en la iniciativa individual y la
competencia para generar las verdaderas
condiciones capaces de permitir los mayores niveles de progreso y realización personal.
De ellos y de nosotros depende que resurja el liberalismo en el país.
Este año veremos aumentar las críticas al
accionar del gobierno de dirigentes opositores, algunos del partido oficial,
del sectarismo ideológico de los sectores de izquierda, de la resistencia de
sectores gremiales empresarios y sindicales, también por la falta de información seria y
adecuada a la opinión pública sobre las características de las medidas que se
necesitan para generar confianza y apoyo.
El
temor que se tiene es que no puedan hacerse las reformas que faltan no solo por
la oposición sino también por el clima electoral que prevalecerá la mayor parte
del año. Si fuera así, se le proyectaría
la culpa al plan liberal, en vez de a
una política socioeconómica dirigista, intervencionista, estatista, proteccionista e inflacionaria, de inspiración
socialista, dando, otra vez, visibilidad política al kirchnerismo y a otras fuerzas opositoras.
La
profundización del modelo es fundamental, los liberales deben estar más activos
que nunca en su defensa y promoción, es una tarea política imprescindible,
sobretodo en este año de fuerte colorido electoral.