Jeffrey A. Miron
Académico Titular del Cato Institute y Director de Estudios de Pre-grado en el Departamento de Economía de la Universidad de Harvard. Su área de especialización es el liberalismo económico, con particular concentración en la economía de las drogas ilegales. Miron ha sido parte de la facultad de la Universidad de Michigan y también ha sido un profesor visitante de la Escuela Sloan de Administración del Instituto Tecnológico de Massachusetts y del Departamento de Economía de la Universidad de Harvard. Entre 1992-1998 fue presidente de la junta directiva del Departamento de Economía de la Universidad de Boston. Es autor de Drug War Crimes: The Consequences of Prohibition and The Economics of Seasonal Cycles, además de numerosos artículos y estudios. Ha recibido la beca de investigación Olin por parte del Buró Nacional de Investigaciones Económicas (NBER, por su sigla en inglés), además de otras becas de investigación de la Earhart Foundation y de la Sloan Foundation, respectivamente. Miron recibió su título universitario de la Swarthmore College en 1979 con distinción magna cum laude y su doctorado en economía del Instituto Tecnológico de Massachusetts en 1984.
A estas alturas, todo el mundo ha oído que, en respuesta a la petición del presidente Donald Trump, Coca-Cola pronto lanzará una versión de Coca-Cola endulzada con azúcar de caña estadounidense en lugar de jarabe de maíz con alto contenido en fructosa (HFCS). Lo que no todo el mundo sabe es que este producto, conocido comúnmente como Coca-Cola mexicana, ya existe y es lo que la gente fuera de Estados Unidos considera Coca-Cola. De hecho, la mayoría de los países utilizan azúcar de caña en las bebidas gaseosas hoy en día. Estados Unidos también lo hacía antes de la década de 1970. Entonces, ¿qué cambió? En lo más profundo de la Gran Depresión, Estados Unidos aprobó la Ley de Ajuste Agrícola de 1933 con el fin de estabilizar los precios de los cultivos. La ley se centraba en limitar la producción, lo que implicaba precios más altos. Sin embargo, posteriormente, la Ley Agrícola de 1973 pasó a fomentar la producción máxima, lo que provocó una sobreproducción inmediata del maíz y una caída significativa de su precio. Al mismo tiempo, el Programa Azucarero de Estados Unidos aplicó cuotas al azúcar importado, lo que lo encareció considerablemente. El resultado final fue que empresas como Coca-Cola y Pepsi experimentaron con el HFCS y lo incorporaron gradualmente a sus bebidas. En 1984, ambas empresas habían abandonado por completo el uso de azúcar de caña en la mayoría de sus productos en Estados Unidos. La Coca-Cola fabricada en México, con azúcar de caña, tiene seguidores incondicionales en Estados Unidos, que la consideran más "natural" y "auténtica". Una reciente prueba de sabor lo confirmó: cinco de cada seis personas identificaron correctamente la Coca-Cola mexicana y la declararon su favorita. En cuanto al impacto en la salud, las diferencias parecen ser mínimas; el HFCS tiene un poco más de fructosa que el azúcar de caña, lo que, según algunos estudios, podría tener un mayor impacto en la grasa del hígado y la resistencia a la insulina. Todo esto sugiere que Coca-Cola probablemente no habría cambiado el azúcar de caña por el HFCS si no fuera por el precio artificialmente alto (bajo) del primero (segundo). Además, incluso si el Gobierno no hubiera desempeñado ningún papel histórico en la elección del edulcorante por parte de Coca-Cola, ¿por qué debería ahora tomar posición sobre cómo Coca-Cola elabora su producto? Eso es algo que deben decidir los consumidores.
Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (Estados Unidos) el 12 de agosto de 2025.