Elena Valero Narváez
Historiadora, analista política y periodista. Autora de “El Crepúsculo
Argentino. Lumiere, 2006. Miembro de Número de la Academia Argentina de Historia.
Ludwig
von Mises explicó muy bien la diferencia
existente entre la riqueza de un aristócrata tipo feudal y la de un
capitalista. La de este último deriva de la producción de bienes y servicios
voluntariamente adquiridos por los consumidores, la de aquel, en cambio, era el
producto del botín de guerra, los sectores bajos no importaban. Aquellos
ricos no estaban como lo están los empresarios capitalistas al servicio del
consumidor, quien es el juez que acepta o rechaza los productos que ofrece en
el mercado y quiebran apenas otro productor mejora el producto o lo vende más
barato si no saben adaptarse a la nueva situación.
En Argentina una gran porción de la población
y de los políticos odia al capitalismo sin darse cuenta que hasta que no
cambien sus ideas al país le será difícil industrializarse, elevar los
salarios, mejorar el nivel de vida. Si vota el Congreso en contra de leyes que
aseguren una economía capitalista impidiendo la formación de capitales
nacionales y la llegada de capitales extranjeros quitará el ánimo de invertir
en Argentina, por lo cual, la pobreza irá
en aumento. Milei no ha descubierto la pólvora, es de los que se han dado
cuenta que solo con la inversión extranjera se podrá mejorar la situación
política y económica actual. Como bien lo expresó Mises: “ lo que se precisa es pura y
simplemente, capital a torrentes y además la posibilidad de invertirlo
libremente de acuerdo con los dictados del mercado, sin coacción estatal
alguna. Las naciones pobres si quieren prosperar tiene que permitir la
acumulación de capital local y reforzar la acción del mismo cogiendo todo aquel
que voluntariamente acuda desde afuera”.
Parece mentira que en un país con tantos
recursos se los desperdicie por ideas que no procuran capital alguno a la
nación. Y no solo los políticos las sostienen, los sindicalistas, quienes
deberían velar por el bienestar de los trabajadores, son quienes les enseñan a
odiar a quien les da de comer. Huelgas, manifestaciones anticapitalistas elevan
la desconfianza de quienes desean invertir, es así que todos somos más pobres
en vez de más ricos por ideas que hacen creer que lo que está mal está bien. Es
por eso que no aceptan el rumbo que quiere imponer el Presidente, la actitud
anticapitalista impide crear las condiciones para que nos capitalicemos. Votan
a quienes ponen trabas a la
inversión, a quienes roban mediante
impuestos distorsivos, además progresivos que devoran la renta y patrimonio de
quienes se animan a invertir. Animan al
Estado a aumentar los gastos sin preocuparse por saber de dónde salen los
recursos. No saben, o no les importa, que si el Estado gasta más, los contribuyentes gastan o invierten menos,
lo que es igual a empeorar la situación económica de aquellos a los que dicen ayudar.
El Presidente
está haciendo todo lo posible por bajar la inflación ese mal que impide una
salida decorosa a las recurrentes crisis que ha vivido el país. Hoy vemos en el
Congreso pedir más gastos, casi todos están en contra de la austeridad que el
gobierno quiere imponer continuando con su política fiscal. Algunos, pocos, legisladores, preguntan cómo se pueden financiar esos
gastos. Pocos, también, responden con
lógica, acostumbrados a la maquinita milagrosa a la cual la consideran normal.
Habría que preguntarles si quieren que suban los impuestos, en vez de agredirse
en la Cámara ridículamente como estamos viendo, a
menudo, por temas sostenibles solo en
peluquerías. Es así como por ideología o ignorancia permiten que los gobiernos
mantengan empresas nacionalizadas despilfarrando el dinero de los
contribuyentes, basta ver lo mal que funcionan. En cambio, en la actividad
privada, el empresario progresa solo en
la medida que se preocupa por los deseos de los consumidores. . Volviendo a
Mises “la pobreza de los países atrasados se debe a que sus métodos
exfoliatorios, su discriminatorio régimen fiscal y su control cambiario, impiden la inversión de capital extranjero,
mientras que la política económica interna dificulta la formación del propio.”
Cada hombre debería estar seguro bajo la
protección de las leyes, todos iguales ante la ley. El gobierno de las leyes, es la condición primera de la
libertad, también que los ciudadanos contribuyan a la sanción de las leyes es
bueno y racional. En Argentina no se
coincide en un modo de gobierno del país. Ello explica los cambios que se han
sucedido históricamente. No se tiene el espíritu de solidaridad necesario para la
salud del cuerpo político. Para que una sociedad sea libre es necesario que los
hombres sean libres, que gocen de la libertad sin ser coaccionados por el
Gobierno. La condición del respeto a las leyes y de la seguridad de los
ciudadanos es que no haya ningún poder ilimitado. El Gobierno mas allá de sus
vicisitudes, muchas veces provocadas por él mismo, tiene claro que la política
a seguir es la de proteger al ciudadano
de todo fraude o agresión tanto externa como interna, esa es su función
y por eso tiene el monopolio de la fuerza. No debe intervenir en el
funcionamiento del mercado ni en el comercio imponiendo trabas a precios
salarios intereses y beneficios. Cuando interviene siempre finalmente actúa en
contra de los consumidores. Destruyendo el mercado, se destruye la riqueza.
Un gobierno liberal se guía por lo que llamó Weber
la ética de la responsabilidad, es la que los políticos deberían adoptar, ella
impone ante una situación dada considerar las consecuencias de las decisiones
posibles y tratar de introducir en la trama de los acontecimientos un acto que
culmine en ciertos resultados. La ética de la responsabilidad interpreta la
acción en medios-fines, se preocupa por la eficacia, es así como muchas veces
un gobernante que lucha por el bien común no puede aceptar lo que desea la
mayoría, la cual no siempre tiene razón. Permitir el aumento desmedido del
gasto público como desea parte de la sociedad nos llevaría, una vez más, al
punto de partida: una crisis fenomenal.
Hay
que hacer un trabajo ímprobo en Argentina: generaciones enteras se han educado
creyendo en la superioridad del Estado por sobre el individuo. Las ideas
socialistas fracasadas en todo el mundo continúan infectando los cerebros. Es por
ello que se sigue creyendo aún, con la
cantidad que existe hoy de pruebas en contrario, que el Estado es el que mejora
la vida de las personas y el empresario las explota.
El
Gobierno debe luchar contra estas ideas, a Javier Mileise lo critica, insulta, y boicotea en el Congreso, por querer nadar contra la
corriente, es de los pocos con convicciones fuertes. Es destacable la actitud
de Mauricio Macri, un líder que ha aprendido de sus errores: pretende se siga el camino que a medias él intentó
y Milei hacerlo con más decisión, si lo
dejan. Ha mostrado ser más honorable que los radicales, por ejemplo, y otros
que solo buscan entorpecer el camino, por despecho o ignorancia. No quiero
olvidar a la mayoría de los artistas que por moda son socialistas sin pensar
que viven del mercado, de si gusta o no el producto artístico que proponen. Son
muchos los que prefieren vivir del favor del Estado que de las bondades de su
trabajo y otros que alcanzaron la fama por la aceptación de la gente
erróneamente opinan, ciegos ante la realidad, que es el sistema que les mejora
la vida. En los gobiernos socialistas fueron y son tan solo herramientas del régimen.
Milei
necesita del apoyo de la gente, sin consenso no podrá hacer las reformas
necesarias para mejorar la vida de los argentinos, por ejemplo, respecto de la inflación, deben desear erradicarla: es un fenómeno
expresamente político por lo cual si se lo apoya el Gobierno terminara con ella
suprimiendo como hizo el déficit presupuestario. No hay razón alguna para que
tengamos que someternos a la manipulación monetaria de los gobiernos. Le va a
ser costoso a Milei mantenerlo con
políticos de la talla de Kicillof prometiendo ventajas personales a todos, vociferando que será a costa de los ricos, tal
como Cristina y Néstor Kirchner, para tratar de captar a la masa y convertirla
en instrumento político.. Saben como buenos demagogos que a todos les gustan
las promesas de dádivas a montones. Milei lo que puede decir es que hay que
achicar el gasto desmedido, el que llevó a la crisis actual. Es el papá que
pone límites, que pide la renuncia a ciertas gratificaciones en pos de un
futuro mejor, o sea sacrificio. Para algunos sectores, lamentablemente
numerosos la primer alternativa, aunque ensanche la crisis económica y social, les es satisfactoria. Es más redituable, en votos la utopía.
Adónde
va la vida, no lo sabemos, es un fenómeno abierto, pero, justamente, es el
motivo de la reflexión. Dijo Alberdi “No se consiguen jamás grandes y
gigantescos cambios, sino por medios heroicos y apartados de la senda vulgar.
Estos actos son los que inmortalizan la época y el hombre que los realiza. La América
del Sur se arrastra en la vida oscura y miserable, porque en política vive de
expedientillos y de mezquinas medidas, que dan siempre algún resultado, pero no
grandes resultados que determinen mudanzas perceptibles a los ojos del mundo y de la posteridad”- Ojalá la gente no
vote con los pies!