Alejandro A. Tagliavini
Senior Advisor, The Cedar Portfolio. Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland (California). Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
Las frases “comprar con la noticia y vender con el rumor”
y “toma de ganancias” simplifican movimientos del mercado que, en realidad,
responden a factores más complejos. Hay dos conceptos clave para entender la
dinámica que hoy muestran los mercados:
1.
Los precios pueden subir
o bajar bruscamente ante fenómenos extraordinarios, ya sean positivos o
negativos. Sin embargo, cuando se observan bajas abruptas seguidas de alzas
contundentes, una y otra vez, esto suele ser signo de una intervención estatal
artificial y de políticas oficiales imprevistas y desordenadas.
2.
Opera en tiempo real. La
“batalla cultural” promovida por la administración de Javier Milei ha llevado a
muchos autodenominados seguidores de la Escuela Austríaca de Economía a negar este
principio fundamental. Si aceptaran que el sistema de precios refleja el
presente de la economía, deberían atribuir la recesión actual y la anunciada no
al gobierno anterior, sino al actual.
El sistema de precios solo tiene sentido como mecanismo
eficiente de asignación de recursos si funciona en tiempo real; de otro modo,
mostraría datos caducos. Puede existir un leve retraso en la remarcación de
algunos precios específicos, pero eso responde a otros factores y nunca
equivale a inflación, sino en todo caso a subas puntuales del IPC.
Entre las intervenciones estatales recientes, la rebaja
temporal de las retenciones a 0% resultó especialmente llamativa. No es
habitual que un Estado suprima y luego restablezca el mismo impuesto en
cuestión de días. Esta movida buscaba, de manera urgente, atraer divisas, dado
el esquema forzado de liquidación barata de exportaciones -y, por lo tanto, una
sobredemanda- que aplica el gobierno.
Como muestran los datos de Invecq, el efecto de la rebaja
de retenciones fue adelantar las liquidaciones de divisas del presente
perjudicando las futuras. El Tesoro recaudó menos dólares de lo esperado y, a
pesar de endurecer el “cepo” para personas, debió salir a vender más reservas
al poco tiempo.
El objetivo oficial era acumular moneda extranjera para
afrontar los vencimientos próximos y, así, reducir la presión cambiaria y el
“riesgo país”.
A ello siguieron mensajes oficiales en X y reuniones
bilaterales con Estados Unidos, impulsando una recuperación de los bonos
soberanos. Sin embargo, persistieron dudas sobre la aplicación real de los
acuerdos y si el apoyo internacional se mantendría si el resultado electoral
resultara adverso para el oficialismo. Esto aumentó la ansiedad de los
operadores financieros, que esperaban señales concretas de respaldo.
El frecuente malentendido con el llamado “riesgo país”,
un indicador que el Gobierno suele destacar ligando su baja también al sector
privado, merece aclararse. En realidad, este índice se refiere únicamente al
riesgo de default de la deuda estatal, no al riesgo real del sector privado,
que es el que genuinamente produce.
Estado y sector privado, en términos económicos,
funcionan en sentidos opuestos: el primero crece a costa de los recursos que
extrae del segundo. Por eso, preguntarse si es positivo que baje el “riesgo
país” implica analizar su causa. Si baja porque el Estado adquiere mayor poder
a través de impuestos y controles, debilitando al privado, el resultado es
negativo. La desaceleración del riesgo Estado solo es benéfica cuando ocurre
por una genuina reducción y eficiencia del aparato estatal.
¿Por qué acciones y bonos suben ante la baja del índice
de “riesgo país”? Porque este indicador favorece una mejora inmediata en los
bonos del Estado, contagiando al resto de los activos primero por arrastre y
segundo por la especulación sobre una posible mejora de las condiciones de
mercado. Se celebra, entonces, la supuesta reducción del riesgo, aunque en el
contexto actual -cuando la baja obedece a controles y presión fiscal y no a mejoras
estructurales-, la celebración dura poco: los inversores pronto comprueban que
el Estado solo traslada el costo al sector privado, afectando aún más al
mercado.
Asistencia del FMI
Otro punto a considerar es el papel de la asistencia del
FMI y de otros Estados, como el reciente salvataje del Tesoro de Estados
Unidos. Una ayuda de este tipo indica que el Estado argentino ha perdido
credibilidad ante el mercado y solo puede recurrir a organismos estatales
internacionales para financiarse.
Lejos de ser buena noticia, estas intervenciones solo
refuerzan la dependencia y no promueven reformas estructurales, ya que
provienen de la convicción (y experiencia) de que el Estado local continuará
siendo ineficiente.
Suponer que esta vez la ayuda resolverá los problemas y
orientará la economía hacia un modelo más libre es tan irreal como creer que un
adicto saldrá de la depresión recibiendo una dosis extra de la misma sustancia.
Con el fortalecimiento transitorio del Estado tras este
tipo de auxilios, suben los bonos soberanos y el mercado privado se beneficia
apenas por inercia o especulación temporal. Sin embargo, apenas el mercado
advierte que el Estado continúa con su esquema de presión sobre el sector
privado, los activos rápidamente registran nuevas caídas.
El ejemplo del swap anunciado y firmado con el Tesoro de
Estados Unidos es elocuente y revela el agotamiento del modelo vigente: pese a
la confirmación del acuerdo, los mercados bajaron y el peso se depreció -es
decir, subió el dólar-, demostrando que esta ayuda es percibida como un
“salvavidas de plomo”.
Estos salvatajes, lejos de corregir los problemas de
fondo, sólo inyectan recursos en un sistema desbordado. La pregunta central es
cuánto durará el envión económico con este nuevo “cargamento” de liquidez si el
“tanque” sigue perdiendo por el mismo agujero y no se adapta la política
económica hacia una mayor libertad y racionalidad de mercado.
Por lo general, los organismos internacionales que
otorgan estos auxilios prevén la continuidad de la ineficiencia estatal
argentina y, por ello, condicionan sus préstamos a aumentos de impuestos, sin
considerar el daño que esto provoca sobre el sector privado, el verdadero motor
del crecimiento.
Publicado en INFOBAE.