Recientemente el IARAF
publicó información sobre la evolución del gasto público, en sus tres niveles,
nacional, provincial y municipal, durante la gestión de gobierno actual. No
vamos a repetir aquí la información ya publicada, pero si interpretar lo sucedido,
agregar algunos datos adicionales, y proponer desafíos para adelante, que
siguen siendo muy relevantes.
Durante la gestión actual
el gasto nacional bajo 5,1 puntos porcentuales del PBI, el provincial bajo 1,1
p.p. y el municipal bajo 0,3 p. p, mostrando claramente que el mayor esfuerzo
se hizo a nivel nacional. Destacamos que el ajuste se hizo en el primer año de
gestión, siendo que el gasto nacional se redujo solamente 0,74 p.p. el 2025, y
ambos gastos provinciales y municipales subieron levemente en 2025, frenándose
el impulso original.
Pasando a revisar que
gastos se han reducido a nivel nacional, y sobre quienes han soportado el peso
del ajuste, si en la casta política, si en la casta de los consumidores, sí en
la casta de los jubilados, sí en la casta de los empleados públicos, sí en la
casta de las provincias, u otras.
La casta de los
consumidores es la que soporto el mayor esfuerzo, ya que se hizo cargo de los
aumentos de tarifas para reducir los subsidios a los servicios públicos, que
significaron el 25% de la reducción del gasto público nacional. Él grueso fue
soportado por el sector privado y los más indefensos.
Sigue en importancia, con
el 24% de la reducción la caída de la inversión pública. Por aquella reducción
de inversión corrupta e ineficiente nos beneficiamos todos, como así también
nos perjudicamos todos por aquella que resulta necesaria, y hasta
imprescindible. Aquí también el sector privado fue el afectado prioritario.
Continua una participación
de la reducción, del 22% de la misma, el ajuste en jubilaciones y programas
sociales. El grueso del esfuerzo real cayo en quienes aportaron durante toda su
vida laboral y que no están dentro de regímenes de privilegio como los
empleados de los tres poderes del gobierno, nuevamente mayoritariamente en el
sector privado de consumidores jubilados.
Con un 18% de
participación en la reducción aparece el ajuste, tanto en nivel salarial, como
en reducción de plantilla, de empleados públicos nacionales. Sobre la casta de
empleados públicos recayó este ajuste.
Por último, aparecen las
transferencias a las provincias con una participación del 11% de la reducción.
La casta provincial se hizo cargo.
Hay para destacar “otras
cargas”, que no figuran dentro de las estadísticas, pero que son un peso
insoportable para la sociedad e impiden la inversión, que son la inflación y la
maraña de regulaciones innecesarias. La inflación, a pesar de seguir siendo
elevadísima a nivel esperado y normal, ha bajado dramáticamente y es un logro
mayúsculo. Tenemos un ministerio de desregulación que ha trabajado en forma
extraordinaria en estos 2 años, en una lucha contra las corporaciones, públicas
y privadas poderosas, que tratan de impedir su gestión. La desregulación de
importaciones e impuestos asociados, han subido el poder adquisitivo de todos
los ciudadanos. Lamentablemente este esfuerzo desregulatorio solo existe a
nivel nacional, y la maraña continua inalterada en provincias y municipios.
Una pesada carga que
continuamos soportando, con solo alivios parciales, son la intervención del
gobierno en los mercados de cambios, tasas de interés, y la vigencia de toda
clase de maraña de regulaciones financieras, que paralizan la inversión.
Desafíos pendientes
¿Y que podemos concluir de
toda esta información? Que el grueso del esfuerzo lo hace el gobierno nacional.
Qué fue relativamente “fácil” hacer el primer ajuste de gasto al comienzo de la
gestión, seguramente con muchas situaciones groseras, pero que en el año 2025
se frenó dramáticamente. Que el gruesísimo del esfuerzo lo han soportado los
consumidores (los más débiles y sin representación) y el sector privado, aunque
también se han beneficiado con desregulaciones, importaciones y reducción de la
inoperancia de la inversión pública.
Que hay cuestiones de
tremenda importancia aún pendientes como regulaciones laborales, cambiarias,
financieras, impositivas y tantas otras, como así también que el ajuste llegue
también a las castas judicial, legislativa, y sindical, que han demostrado ser
impenetrables por ahora, y que las corporaciones públicas y privadas mantienen
su altísimo poder de influencia.
Las proyecciones
realizadas antes de las recientes elecciones pusieron una gran duda sobre la
popularidad y vigencia del cambio, pero no resulto ser así y la población
revalidó su apoyo al proyecto liberal, y si se prefiere, al cambio del modelo
de país existente en los últimos 80 años. Tenemos una oportunidad de cambiar
nuestro país casi milagrosa. Por primera vez tenemos un gobierno que cree
realmente en un modelo de país diferente, liberal, y con la convicción y la
energía para implementarlo. Todos los ciudadanos tenemos que involucrarnos,
pedir, reclamar, exigir, apoyar y más que nunca los jóvenes quienes serán los
grandes beneficiados y son hoy los más perjudicados, mostrando audacia y energía
que tienen de sobra. Las corporaciones públicas y privadas deben volver a
revisar el modelo de país que realmente les conviene en el mediano y largo
plazo, y que esperamos se implemente a pesar de ellos.
El gobierno federal no es
perfecto, y hasta ahora ha hecho un gran trabajo, pero el más “fácil”. Ahora
vienen los grandes temas y las reformas de fondo, que sin ellas casi nada
cambiara. Apostemos a la libertad, a la paz y a la prosperidad apoyando el
nuevo modelo. Tenemos una oportunidad como nunca tuvimos. Nuestro gobierno de
todo nuestro apoyo. Cada uno desde su lugar puede contribuir, todo va sumando. ¡¡¡¡VIVA
LA LIBERTAD!!!!