Matías Olivero Vila
Abogado
y Contador. Presidente de Lógica Argentina.
Argentina tiene una informalidad que, según distintas mediciones, ronda entre el 45% y 50%, lo que implica que aproximadamente se vende un producto sin factura por cada producto con factura. Tener impuestos e informalidad en niveles lógicos es tan importante para nuestro país como tener superávit y en toda reforma tributaria es tan importante bajar los impuestos como atacar y reducir la informalidad.
La principal causa de tal informalidad es tener los impuestos más altos del mundo, como consecuencia del descontrol del gasto público. Ese deshonroso lugar de nuestro país es asignado por cuatro entidades y cinco métodos distintos (posteado en @paisconlogica), siendo en promedio el más gravoso. No es que el ADN argentino tiene un “gen de la evasión” y por eso se necesitan los tributos más altos, sino que, al revés, los máximos impuestos generan esta informalidad. Laffer lo explica con su curva, siendo la clave encontrar el nivel de impuestos que genera la máxima recaudación total. Luego de ese punto óptimo, ella decae por aumentar la informalidad y ahuyentarse las inversiones. Aun combatiendo fuerte las siguientes causas, la informalidad no disminuirá a niveles razonables si no hay una baja fiscal sustancial.
La segunda causa es la hiper-regulación. El dislate de regímenes de recaudación, percepción, información, etc. implica otro destrato al contribuyente y una excesiva dedicación y responsabilidad por cumplirlos.
La tercera es la tolerancia social. Las dos anteriores generan la naturalización de la informalidad como mecanismo de defensa. La mayor muestra es el uso extendido del “descuento en efectivo” (sin ticket).
La cuarta es la tolerancia de las autoridades. Ante la complejidad que surge de la multiplicidad de tributos y regímenes, el régimen ha consistido, por razones prácticas y como regla, en fiscalizar a los grandes contribuyentes (el “zoológico”) y en tolerar incumplimientos fiscales en otros ámbitos.
La quinta es el incentivo más institucionalizado: en este siglo, cada 2 años y 8 meses, se ha dictado a nivel nacional una amnistía, moratoria o plan de facilidades para regularizarse fiscalmente, con sustanciales descuentos. En la Ley de Inocencia Fiscal se inventó uno más, el “Régimen Simplificado”, un inédito blanqueo continuo. Más los regímenes a nivel provincial. Siendo Argentina el país más gravoso en lo fiscal, estos remedios surgen como males necesarios; pero son un tiro a la línea de flotación del cumplimiento fiscal, por lo que deben aniquilarse cuando se logre un régimen de tributos lógicos.
Y la última causa, mientras se espera la próxima amnistía, es la corrupción. Ante objeciones fiscales, el sistema suele ofrecer a los contribuyentes la chance de “arreglarlas” de formas más o menos irregulares.
¿Cuáles son las consecuencias de esta informalidad? En primer lugar, un régimen tremendamente pesado para el formal. Recurriendo a una analogía, si el gasto público fuera caminar diez cuadras, un 50% de informalidad implica el esfuerzo para un formal de llevar en andas a un informal, no lo podría hacer por más de un par de cuadras. Mientras que, si rondara el 20% al que Argentina podría aspirar en pocos años, entre cuatro formales podrían llevar bien al informal por esas diez cuadras y hasta al trote.
Segunda, una feroz competencia desleal, sufrida por quienes operan en el sector formal, quienes no sólo tienen que competir con informales tolerados por las autoridades sino también –el colmo- con exentos sancionados por el Congreso; por ejemplo, las cooperativas, con todos los beneficios de la informalidad (no pagar impuestos) y ninguno de sus riesgos (penas por evasión). Una “informalidad legalizada”. Agravada por competir en forma insólita en mercados hiper-competitivos (supermercados) e hiper-regulados (seguros y bancos). Estas exenciones son inaceptables en un país con los impuestos más altos.
Tercera, las demás consecuencias negativas de la informalidad: menor actividad económica (imposible operar en escala en las sombras), más ineficiencias, menores salarios, sin coberturas sociales, etc.
¿Cómo se debe reducir esta informalidad? La forma más natural y efectiva es bajando sustancialmente los impuestos al sector productivo. Ejemplo simplificado: si el gasto público es $1.000 y hay 50% de informalidad, 50 contribuyentes de los 100 posibles pondrán $20 cada uno para afrontarlo; mientras con un 20% de informalidad, 80 contribuyentes pagarán $12,5 cada uno, sin afectar la recaudación y con un régimen menos pesado y más justo. Hasta allí, cambio cualitativo puro. Si, además, se baja el gasto público (mucho margen en provincias y municipios) y se genera una mayor actividad por la baja de tributos, el superávit y la recaudación crecerán. Y los impuestos podrán seguir bajando en un círculo virtuoso.
La reforma de baja sustancial de impuestos puede hacerse de dos maneras. Primero, por etapas, sin comprometer el superávit fiscal, camino seguido hasta ahora a nivel nacional. Segundo, de forma súbita, bajando drásticamente los tributos principales y eliminando los distorsivos que ningún o pocos países tienen, como hicieron Paraguay e Irlanda; y también una veintena de países, en especial de Europa oriental, que aplican exitosamente el “Flat Tax”, régimen de muy pocos y muy bajos impuestos propuesto desde hace años por reputados economistas, entidades internacionales y aquí por la Fundación Bases. Trataremos los pros, contras, viabilidad y restricciones políticas de cada una en otra nota.
Existen formas secundarias de atacar la informalidad, a través de incentivos a los consumidores para que exijan tickets, sea con porcentajes de gastos aplicables al pago de impuestos (elegido en Brasil para atacar su alta informalidad), o con deducciones en ganancias de gastos hoy no permitidos, opción que trascendió que se incluiría en los capítulos fiscales de la Reforma Laboral, pero por ahora descartada.
Conclusiones: 1) la pérdida de competitividad de las empresas por los tributos más altos, con ciudadanos soportando más del 40% y hasta más del 50% de impuestos al consumir, es una cara de la moneda del país más gravoso; la otra cara es que haya medio país operando en la informalidad; un régimen tan pesado como injusto e hipócrita; 2) la actual alta informalidad debe reducirse bajando en forma sustancial los impuestos; y, complementariamente, con incentivos a los consumidores, reduciendo fuertemente la hiper-regulación, fiscalizando debidamente, concientizando a la sociedad y aniquilando todo tipo de amnistías y “arreglos” irregulares; y 3) en toda reforma tributaria bajar impuestos es tan importante como atacar y reducir la informalidad; lograr, como resultado, un régimen por el que impuestos lógicos sean pagados por (casi) todos es de máxima importancia para Argentina hoy, similar a la de tener superávit.
Publicado en El Parlamentario.