Richard K. Vedder
Investigador
principal del Independent Institute y profesor emérito distinguido de Economía
en la Universidad de Ohio; y es el director fundador del Centro para la
Asequibilidad y Productividad Universitaria en Washington, D.C. Es autor de
numerosos libros, entre ellos Let Colleges Fail: The Power of Creative
Destruction in Higher Education (2025), y Restoring the Promise: Higher
Education in America (2019), ambos publicados por el Independent Institute.
El famoso editor del New York Tribune, Horace Greeley, dijo poco después del final de la Guerra Civil: “Ve al Oeste, joven, ve al Oeste y crece con el país”. El movimiento hacia el Oeste fue fundamental para la experiencia estadounidense. Además, una importante migración secundaria tuvo lugar en el período comprendido entre la Guerra Civil y aproximadamente 1980, ya que muchos sureños huyeron de su región en busca de trabajos mejor remunerados en fábricas y otros empleos en el Noreste y el Medio Oeste. Del mismo modo, las decenas de millones de inmigrantes que llegaron a las costas estadounidenses en el siglo XIX y a comienzos del XX evitaron el Sur como si fuera la peste y se establecieron en gran número en los estados del Este y del Medio Oeste. Esta enorme afluencia procedente del extranjero se sumó a las tasas de natalidad entre las mujeres estadounidenses en el siglo XVIII y a comienzos del XIX, que eran tres o cuatro veces superiores a las actuales. La población estadounidense creció un tercio cada década.
Pero los nuevos datos de la Oficina del Censo confirman que se ha producido una especie de revolución demográfica. En primer lugar, por supuesto, el crecimiento de la población se ha ralentizado drásticamente debido a una fertilidad mucho más baja. Es probable que durante esta década la población solo aumente alrededor de un 6 %, aunque, sin duda, más que en muchos otros países como China, Japón y Rusia, donde el número de habitantes está disminuyendo de forma significativa. A medida que las personas se enriquecen, parecen sentirse menos inclinadas a tener hijos. ¿Son los niños lo que los economistas denominan “bienes inferiores”, cuya demanda disminuye a medida que aumenta el nivel de vida?
Además, entre 2020 y 2025, casi tres cuartas partes del modesto crecimiento demográfico de nuestro país tuvo lugar en el Sur, y casi el 90 % de ese crecimiento se debió a un flujo migratorio entrante, tanto de personas procedentes de otros países como de considerables movimientos internos.
El estado líder en crecimiento demográfico a mediados del siglo pasado fue California, lo que refleja en gran medida el movimiento hacia el Oeste. Todavía en la década de 1980, la población creció en más de seis millones en un solo decenio. Pero en los cinco años comprendidos entre 2020 y 2025, casi 1,7 millones más de californianos abandonaron el estado que los que se mudaron a él, y la población total disminuyó por primera vez en la historia. Desde el hombre más rico del planeta, Elon Musk, hasta los californianos mucho más pobres, una media de 926 personas abandonó cada día el Estado Dorado (39 cada hora, día y noche). Las cifras absolutas superaron el número de personas que huyeron de Alemania Oriental en el apogeo de la Guerra Fría, alrededor de 1960, lo que llevó a los alemanes orientales a construir el Muro de Berlín. ¡Que el último en salir de California apague las luces!
La población de Florida, por el contrario, es hoy casi cinco veces mayor que en 1960, impulsada por la inmigración masiva procedente de otros estados y países (de manera más notable, Cuba). Sin embargo, la afluencia de inmigrantes, normalmente de clase media-alta, que se trasladan a Florida se ha desacelerado considerablemente (aunque no se ha detenido) recientemente debido al aumento vertiginoso de los precios de la vivienda en el “Estado del Sol” como consecuencia de la llegada de migrantes del Norte. La demanda de vivienda ha crecido mucho más rápido que la oferta.
Desde el punto de vista de las políticas públicas, resulta especialmente interesante que haya pruebas muy sólidas de que las personas estaban votando con los pies para huir de los estados con una presencia gubernamental relativamente grande y trasladarse a otros en los que, en términos relativos, el gobierno las dejaba en paz, lo que se manifestaba de modo más evidente bajo la forma de una menor presión tributaria. Comparé los tres estados más grandes y muy progresistas —California, Nueva York e Illinois— con tres estados grandes considerados generalmente conservadores, dos de los cuales no tienen impuesto estatal sobre la renta: Texas, Florida y Carolina del Norte. Todos los grandes estados progresistas registraron un descenso de población. Por el contrario, los tres estados republicanos experimentaron un incremento de la población de más de 5,2 millones entre 2020 y 2025, lo que representó la mayor parte del crecimiento nacional.
Pero la tendencia se extiende también a los estados más pequeños. Comparemos el estado de Nuevo México, sólidamente demócrata, con sus cinco vecinos: Arizona, Colorado, Texas, Oklahoma y Utah, todos ellos estados políticamente indecisos, divididos de manera bastante equitativa (Colorado y Arizona), o sólidamente republicanos (Utah y Oklahoma). La población de Nuevo México aumentó en apenas 8.006 habitantes entre 2020 y 2025, mientras que los cuatro estados vecinos, de orientación más conservadora, registraron un crecimiento al menos veinte veces superior, todos ellos con un sólido caudal migratorio entrante, en comparación con la emigración interna neta de Nuevo México. Tal y como se demostró en Alemania en la era soviética y actualmente en Corea, se necesitan barreras físicas (por ejemplo, el Muro de Berlín) para evitar que la gente huya de la zona dominada por el gobierno hacia lugares donde hay más libertad personal.
Un buen indicador de las tendencias migratorias puede discernirse a partir de los precios de alquiler de los camiones que transportan enseres domésticos. Comparé el precio de alquilar un camión U-Haul de 26 pies en Austin, Texas, y llevarlo a Los Ángeles, California, el 25 de febrero, con exactamente el mismo trayecto pero en dirección opuesta, de Los Ángeles a Austin. El precio del alquiler de Los Ángeles a Austin, 4.729 dólares, era casi el triple del precio del mismo viaje (1.693 dólares) en sentido inverso. ¿Por qué? Pocas personas desean mudarse a Los Ángeles, por lo que la ciudad californiana tiene pocos camiones disponibles, mientras que Austin está repleta de ellos. Por lo tanto, U-Haul se ve obligada a ofrecer un precio de alquiler muy bajo para quienes van a Los Ángeles y uno alto para quienes se marchan de allí.
En unos años, parece inevitable que los estados de tendencia demócrata pierdan varios escaños en el Colegio Electoral y en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos debido a la redistribución poblacional. En una época en la que las mayorías legislativas son a veces muy ajustadas, esto podría resultar crucial. La pérdida de, por ejemplo, cuatro escaños en la Cámara de Representantes por parte de California y dos por parte de Nueva York en favor de estados republicanos como Texas y Florida podría marcar la diferencia entre el control republicano y demócrata de la Cámara. Lo que esto implica para las aspiraciones políticas nacionales de ambiciosos líderes de estados “azules”, como el gobernador de California, Gavin Newsom, o el gobernador de Illinois, JB Pritzker, es incierto, pero claramente no favorable.
Aun así, si yo fuera republicano, no me entusiasmaría demasiado con los cambios demográficos. En menos de una generación, hemos sido testigos de cambios bastante radicales e imprevistos en la composición política de los estados. En 1956, el Sur era considerado un bastión demócrata, pero una generación más tarde pasó a ser casi un bastión republicano. En la propia California, los republicanos fueron muy competitivos en las elecciones a gobernador a lo largo del siglo XX, pero mucho menos en el actual. Hace poco más de 50 años, el ícono conservador Ronald Reagan era gobernador del Estado Dorado.
Otra cosa que me preocupa después de examinar detenidamente las estadísticas de migración y población durante más de medio siglo es que Estados Unidos se está pareciendo cada vez más a Europa. El crecimiento demográfico estadounidense, que antes fue varias veces superior al de Europa, ahora es mucho más similar. Las leyes y prácticas migratorias disfuncionales están privando a nuestra nación de parte de la vitalidad que aportan los nuevos emprendedores provenientes del exterior, si bien seguimos superando con creces a otras partes del mundo. La singularidad económica de nuestra nación, su excepcionalismo, ha evolucionado porque históricamente hemos abrazado el cambio en lugar de resistirlo, algo que se aplica tanto a la población como a otros factores económicos. En definitiva, la posibilidad, dentro de nuestro sistema federal, de “votar con los pies” sigue siendo un gran atributo positivo nacional
Traducido por Gabriel Gasave