Ignacio Delfino
Ignacio Delfino. Es Licenciado en Relaciones Internacionales y Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por el Departamento de Economía Aplicada V de la Universidad Complutense de Madrid.
Propuestas derivadas de “Carl Menger y el abandono de toda
política monetaria: una inspiración para la Argentina”
Asumir la enseñanza teórica de Carl Menger hasta sus
últimas consecuencias implica aceptar que el dinero surgido del mercado no es
estable por derecho, que la liquidez no puede garantizarse por decreto y que
nadie tiene derecho a exigir a una autoridad política la conservación del poder
adquisitivo de la moneda elegida. Elegir un medio de intercambio supone también
asumir el riesgo de error, sin trasladar ese costo a terceros.
Buena parte de la tradición austríaca posterior a Menger
buscó dotar al dinero de estabilidad, seguridad jurídica o previsibilidad
macroeconómica, sacrificando en el proceso el carácter evolutivo y subjetivista
de su enfoque original. En ese tránsito, la estabilidad monetaria dejó de ser
un resultado contingente del mercado para transformarse en un criterio
normativo del sistema.
Este artículo propone una lectura de inspiración
mengeriana del proyecto de reforma libertaria impulsado por el gobierno de
Javier Milei e identifica orientaciones compatibles con dicha visión en el
contexto argentino actual. Algunas de estas medidas ya han comenzado a
implementarse. El objetivo es que cada intervención en el ámbito monetario
reduzca el grado de imposición estatal, sin reemplazarlo por un nuevo diseño
centralizado.
Eliminación
del curso forzoso: suprimir la obligación legal de
aceptar un medio de pago específico restablece el carácter voluntario del
dinero y permite pactar libremente contratos, precios y pagos en cualquier
moneda o activo acordado.
Fin
del monopolio estatal de emisión: eliminar la
exclusividad del Estado sobre la emisión monetaria permitiría que el valor del
dinero dependa de su aceptación voluntaria y no de decisiones políticas
centralizadas.
Reducción
progresiva del rol del BCRA: limitar sus
funciones —en tanto exista— a tareas administrativas transitorias orientadas a
una salida ordenada del régimen vigente.
Riesgo
y responsabilidad individual: la
eliminación gradual de garantías generales sobre depósitos y pasivos
financieros apunta a evitar la socialización sistemática de pérdidas.
Separación
estricta entre política fiscal y monetaria:
impedir el financiamiento del Tesoro mediante emisión, aun cuando ello exija
mayores esfuerzos de ajuste fiscal.
Reconocimiento
de medios de intercambio alternativos:
admitir monedas extranjeras, instrumentos privados o activos digitales sin
homologación estatal previa.
Desregulación
contractual de la intermediación financiera:
permitir contratos libremente acordados, sin privilegios regulatorios ni
respaldos especiales.
Competencia
entre sistemas de pago: evitar el monopolio estatal de
infraestructuras que condicionan la elección monetaria.
Neutralidad
fiscal en los medios de pago: aceptar
impuestos en múltiples monedas para reducir sesgos a favor de una en
particular.
Abandono
del lenguaje de “defensa de la moneda”:
reemplazarlo por una pedagogía de responsabilidad individual coherente con los
límites del conocimiento estatal.
Existen restricciones constitucionales y normativas
vigentes que podrían suscitar la judicialización de este tipo de reformas. Como
muestran los debates recientes en torno a la reforma laboral, los cambios que
alteran marcos regulatorios consolidados tienden a trasladarse al ámbito
judicial. Estas limitaciones deben asumirse y enfrentarse con decisión,
entendiendo que tales tensiones forman parte del proceso institucional mediante
el cual una sociedad redefine los límites de la acción estatal.
Estas propuestas no constituyen un programa cerrado ni una
aplicación literal de la obra de Menger, sino una lectura contemporánea de su
teoría subjetivista del dinero. El mayor aporte del gobierno no reside en
intervenir activamente, sino en reducir su protagonismo, concibiendo la
transición como un proceso de descubrimiento y no como un ejercicio de
ingeniería monetaria.
La Argentina enfrenta hoy un desafío similar al que Menger
conoció en su tiempo: avanzar hacia un orden monetario más libre exige combinar
principios firmes con decisiones pragmáticas, entendiendo que la verdadera
estabilidad solo puede surgir de la aceptación voluntaria de la moneda y de la
responsabilidad individual que su libre elección conlleva.