Javier Cubillas
Analista de Asuntos Públicos, Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
Para Rothbard el
Estado desempeña funciones importantes y hasta relevantes, pero ninguna de
ellas le es propia, le es legítima y moral, ni es el único que puede realizarla
y menos que sea eficiente ni razonable. Por esto, entiende que el Estado sólo
ha llegado a nuestros días a la fuerza de tradiciones, costumbres y el
ejercicio de la violencia. Nada que realmente nos asegure el respeto de los
derechos individuales ni la propiedad a costo de perderla.
Rothbard, como
pocos, sí hace foco real en el poder y el Estado. Es de los más politólogos
entre los economistas libertarios, anarco liberales, austríacos y críticos al
Estado mínimo bajo cualquiera de sus formas o perspectivas pensables a la
fecha.
Históricamente
hablando, ni el acto de votar, contratar o negociar con el Estado vuelve
legítimo y legal al gobierno y su funcionariado y objetivos. Es más, estos
últimos tienen más incentivos a ampliar su poder de coacción, regulación de la
cultura, expresión e imprenta, moneda, incentivos, habilitaciones comerciales y
sistema recaudatorio, sin escapatoria alguna, salvo nuestra propia pérdida de
libertad.
Frase que nos
resuena por la historia política reciente. Y si son un robo, los ladrones se
disfrazan de autoridad, los intelectuales, actores del sistema educativo, actores
de los medios de comunicación y la opinión pública funcionan en cohesión en pos
de sostener al establishment (corporaciones empresariales y sindicatos) así la
legitimidad sostiene a la minoría gobernante que se enarbola en nobles causas
mayoritarias así nada cambia y administra la movilidad social y opaca la
crítica en la prensa.
Esta línea
argumental sostiene claramente que en una sociedad libre el Estado (actual)
debería dejar de existir. Todo puede ser producido en el ámbito social con
competencia o cooperación, a mejor costo y menor riesgo, y con la confianza y
moralidad imperante como guías claras de lo que es eficiente, útil y necesario
para cada persona y sus activos resultantes de su capacidad y producción real.
Incluso, normas y
procedimientos son resultantes de personas, clubes, agrupaciones, agencias
privadas, el mercado e intercambios, contratos de bienes, servicios y
aspiraciones, nada que tuviera genética reconocible en el Estado sino más bien
una apropiación y recepción de estos hechos sociales para volverse el
establishment político monopólico y excluyente en los últimos siglos en esta
actividad reconocida como de última decisión o de carácter política para
influir y determinar a la dimensión social.
Queda explicitado
entonces, que el único que produce es el individuo y el Estado solo es el
extractor o parásito que vive de esa producción, no hay lugar para pensar en
grises en este sentido para Rothbard. Es más, si se viera en peligro esta
lógica el gobierno produciría conflictos e imposiciones implícitas o explícitas
para no perder este rol preponderante.
Por esto,
instrumenta y ordena la sociedad con aparente libertad pero conforma fuerzas
para la guerra, el control interno y la disuasión, lo cual lo vuelve inmoral y
criminal. Y el Estado así mantiene la exclusividad de legalizar su accionar de
poder para que lo anterior sea preferentemente imputable al individuo o
institución privada crítica o desobediente.
Incluso, aspira
la administración estatal a regular la moral y ética y de este modo volver
repudiable o discutible para que el individuo que no puede aspirar siquiera a
una justicia que se debe al gobierno que lo sostiene constitucional y
presupuestariamente desde su designación vitalicia. Así cierra el círculo
estatista que denuncia Rothbard en cada obra sobre el Estado y su función.
Finalmente, esta
época de reformas y modernizaciones vienen a dejar en evidencia lo anterior.
Los cambios profundos, los exabruptos de empresarios, los acuerdos sectoriales
para sobrevivir entendiendo que la IA tiene el tiempo contado para muchas
actividades, y la demostración de que el Estado que sirve es el único Estado
que sobrevive al cambio en las demandas sociales son las imágenes de este final
de década. No fue magia, es modernización.
Publicado en INFOBAE.