Esteban Eduardo Burgoa Cardozo
Nacido el 15 de agosto de 1995 en la ciudad de La Paz, Bolivia. Economista, se interesó por la ideas de la libertad en su juventud mientras cursaba la carrera de economía en las aulas de Universidad Mayor de San Andrés, realizó un año de estudios en ciencias políticas en L´Université Lumiere de Lyon en Francia, actualmente escribe en su tiempo libre cuentos y artículos bajo la luz de la libertad.
Hace algún tiempo, el filósofo liberal, Antonio
Escohotado, indicaba: “Un país no es rico porque tenga diamantes o petróleo, lo
es porque tiene educación, conocimiento y respeto ilimitado por los demás”, una
frase que matiza de manera adecuada que la mayor inversión que debe realizar un
país que busca el desarrollo y el progreso es en el campo de la educación, una
apuesta cuasi segura para el corto, mediano y largo plazo.
En el imaginario colectivo nacional, se tiene la
creencia que el camino para mejorar la calidad educativa pasa por el simple
hecho de incrementar el monto monetario invertido en el sector y que, con ello,
de manera lógica se obtendrán mejores resultados, lamentablemente, la solución
no es tan sencilla, Bolivia es uno de los países de la región con mayores
niveles de inversión en educación con respecto a su PIB, con un monto de un
8,6%, monto superior al de países con mejores sistemas educativos como Chile con
4,91% y Uruguay de 4,76%, aunque claramente el PIB per cápita de los países
mencionados triplica el de Bolivia, el argumento que un aumento dinerario es
insuficiente.
No hay monto que valga en cualquier iniciativa o
inversión, especialmente en educación, cuando el sistema es corrupto, está
lleno de incentivos perversos, gasto irracional, intereses sectoriales y no se cuenta
con una cultura de mejora y cumplimiento de objetivos, mientras no se realice
un cambio estructural en los puntos anteriormente mencionados, no se obtendrán
mejores resultados, puesto que nuestro modelo educativo cual agujero negro, seguirá
consumiendo todos los recursos que se le presenten de manera insaciable sin
mostrar mejora alguna.
Por otro lado, los sectores involucrados como el
magisterio, al referirse a la ampliación del presupuesto en la partida de
educación, sólo hacen énfasis en un incremento salarial para su sector, siendo
que, a su vez, se resisten a cualquier tipo de evaluación y exigencia de
resultados, a pesar del aumento en la inversión, la educación en los últimos
años parece estar en franca decadencia.
La cultura cortoplacista nacional, es otro de los
factores importantes al momento de implementar cambios estructurales, referido
al sector educativo, los resultados de una restructuración del sistema
presentará resultados recién en el mediano plazo, siempre y cuando se realice a
partir de un nuevo modelo lógico y acorde a la realidad del mundo presente, lo
cual conlleva paciencia y compromiso de la sociedad en general, características
que, para nuestro pesar, no son preponderantes en Bolivia.
Modificar lo lógica estructural del sistema educativo,
no sólo debe ser a nivel de uso de recursos, sino también de contenido, el
mundo avanza de manera acelerada y la educación brindada actualmente, de
características arcaicas, deja en desventaja a nuestros jóvenes, en una mercado
laboral cada vez más competitivo e interconectado, en un presente donde la
tecnología hace espacio para la siguiente revolución del conocimiento, de la mano
de desarrollos como la Inteligencia Artificial, el desarrollo de la lógica y el
pensamiento crítico es indispensable, y aún así, las aulas bolivianas están
estancadas en la enseñanza repetitiva y el adoctrinamiento ideológico.
Debemos utilizar de manera mucho más eficiente los
recursos con los que contamos, destinar el dinero a aquellos activos que se
traduzcan en mejoras sustanciales, exigir resultados, medir de manera constante
la evolución de la inversión realizada y principalmente, modificar la estructura
y normativa que establecen nuestros objetivos y contenidos.
Un alto nivel educativo es un requisito imprescindible
en el desarrollo de una nación, puesto que se traduce en la mejora del capital
más importante con el que cuenta un país, su gente, invertir en nuestros niños
y adolescentes es invertir en nuestro futuro, por ello esta cartera debe ser
considerada como la más importante y su constante mejora tiene que ser la
principal política del estado boliviano y la exigencia primordial de la
población boliviana.
¿No es hora de un cambio estructural? La educación es
nuestro presente y futuro.