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El nuevo examen de competitividad para operadores, importadores y PYMES argentinas

Vicente Viciconte
Licenciado en Comercio Internacional  (Univ. Marina Mercante). Técnico Superior en Comercio Exterior (Cámara Argentina de Comercio). Responsable de la Ejecución Internacional de productos transportados en contenedores, camión, tren, y proyectos especiales.
La apertura del comercio, la presión digital global y una estructura de costos local rígida están redefiniendo las reglas del juego. La internalización y profundización de las normas vigentes cambia la dinámica de un mercado que ya no absorbe ineficiencias.

Durante años, el comercio internacional argentino se desarrolló en un entorno donde la protección del mercado interno y la dinámica inflacionaria permitían sostener estructuras operativas con baja exigencia de eficiencia.

En ese contexto, muchas empresas —particularmente PYMES— construyeron su modelo sobre tres pilares:

  • Restricciones al ingreso de productos importados
  • Presión competitiva limitada
  • Posibilidad de trasladar ineficiencias a precio

Ese esquema generó una cultura operativa donde el costo no era una variable crítica, el impacto de los desvíos tenía un control relativo —y muchas veces inexistente—, y la competitividad real quedaba diluida entre estructuras de costos elevadas, ineficiencias acumuladas y márgenes extraordinarios.

El mercado no exigía y convalidaba precios, por falta de competencia en un contexto inflacionario. Ese escenario hoy ha cambiado
 
El fin de la cultura de traslado a precio
Los últimos dos años, atravesados por cambios constantes en las regulaciones aduaneras, cambiarias y comerciales, marcaron el fin de una cultura operativa que durante mucho tiempo toleró estructuras poco competitivas y márgenes elevados.

En muy poco tiempo, el consumo argentino consolidó un nuevo comportamiento: una tolerancia cada vez menor a los aumentos automáticos de precios.

Hoy, los errores en la matriz de costos y los desvíos derivados de la falta de competitividad dejan a cualquier operador fuera de mercado de manera inmediata, sin margen de reacción.

Se produjo un cambio profundo en la lógica de funcionamiento:
  • El precio dejó de ser una variable defensiva frente a ineficiencias propias.
  • El margen pasó a depender de la estructura real de costos frente a un mercado global.
  • La eficiencia se convirtió en condición de supervivencia.
 
Este nuevo escenario expone una realidad incómoda:
Muchas estructuras empresariales que durante años fueron exitosas nunca fueron diseñadas para competir en un entorno abierto. Y, en ese mismo proceso, una parte importante de los importadores comienza a enfrentar el mismo problema desde otra perspectiva. Haber operado desde la oportunidad comercial y no desde una estrategia estructural de comercio exterior, hoy los deja expuestos a un mercado que ya no admite este tipo de errores.

Cambios en los hábitos de consumo, impulsados por una nueva presión tecnológica: importación directa y desintermediación global
  • El mercado argentino comienza a prepararse para un fenómeno que, en términos estructurales, no tiene precedentes recientes: una presión creciente de productos importados que ya no ingresan únicamente a través de los canales habituales y tradicionales.
  • Hoy, los grandes jugadores del comercio digital global están en plena expansión. Han desplegado modelos de negocio que operan simultáneamente en origen y destino, con una propuesta clara: llegar directamente desde fábrica al consumidor final.
  • Este cambio implica la eliminación progresiva de intermediaciones históricas, reduciendo desvíos en la cadena de valor y comprimiendo márgenes que durante años fueron absorbidos por intermediarios y estructuras locales.

El resultado es una nueva forma de competencia:
  • Precios alineados a mercados internacionales
  • Estructuras más ágiles y livianas
  • Tiempos de respuesta más cortos
  • Menor tolerancia a ineficiencias

En este contexto, el canal courier —que en otro momento fue marginal— comienza a consolidarse como una herramienta competitiva real para determinados segmentos.

Pero el impacto más profundo no está en el volumen que representa.

Está en el efecto que genera: 👉 redefine el precio de referencia del mercado.

A partir de ese momento, la competencia deja de ser local para pasar a ser global.
Y ese cambio tiene una consecuencia directa: cualquier desvío o dispersión de costos, estructura o eficiencia queda expuesto de forma inmediata.
 
Impacto estructural en el precio final
Una vez internalizadas las nuevas reglas de juego, queda expuesto el impacto de las medidas de desregulación, principalmente en favor del consumidor final, frente a estructuras de costos que, en gran medida, no han sido modificadas.

Para dimensionar este fenómeno, resulta necesario observar el impacto impositivo y costos operativo directo sobre la estructura de precios en cada modelo de negocio:
 
Modelo de acceso al producto
  • Carga total s/precio de origen
  • Courier (≤ USD 400): 20% – 35%
  • Importador formal: 50% – 80%
  • PYME producción / comercialización local: 70% – 100%+
Estimaciones elaboradas en base a estructuras impositivas nacionales, provinciales y municipales vigentes, regímenes de importación general y simplificado (courier), y costos operativos promedio del AMBA. Fuente: normativa aplicable de ARCA, Código Aduanero y legislación tributaria vigente.

Lectura clave de esta comparación
  • El courier establece un piso de referencia de precio internacional que condiciona a importadores y empresas locales.
  • El importador compite con una estructura impositiva distinta y relevante frente al canal simplificado.
  • Las PYMES locales enfrentan la mayor carga estructural del sistema: impuestos, costos laborales y presión regulatoria.
 
Lo que el mercado ya está mostrando
La lectura de estos datos deja en evidencia un punto que rara vez se plantea de forma directa.

Durante los últimos años, en un contexto de mercado desabastecido y altamente regulado, los procesos de apertura y flexibilización operativa generaron una ventaja relativa para quienes lograron estructurar importaciones.

En ese escenario, durante 2024 y 2025 los importadores ocuparon rápidamente un lugar competitivo frente a muchas PYMES locales.

Sin embargo, el proceso no se detuvo ahí por el contrario, Hoy estamos frente a un segundo desplazamiento. Mucho mas profundo.

Los mismos factores que en una primera etapa favorecieron a los importadores comienzan a redefinir su posición competitiva.

El acceso directo del consumidor a productos del exterior a través de plataformas digitales introduce un nuevo nivel de competencia, uno donde incluso el importador estructurado empieza a perder margen frente a modelos más ágiles.

Se configura así una dinámica progresiva:

  • Primero se expone la industria local ante los importadores
  • Luego se tensiona e interpela al importador
  • Finalmente, el ajuste recae sobre toda la cadena

Exponiendo y en muchos casos desarmando las ineficiencias que durante años fueron trasladadas al consumidor final.
 
La variable pendiente
Las medidas de desregulación no operan en el vacío.

Se insertan sobre una estructura de costos que, en gran parte del entramado productivo, permanece intacta.

Y es en ese desbalance donde se genera el verdadero punto de tensión.

Argentina vuelve a enfrentarse a una característica estructural de su sistema económico: la inestabilidad de las reglas de juego.

El comportamiento pendular de las políticas públicas de comercio exterior: apertura, restricción, flexibilización, control, impacta directamente en la capacidad de las empresas para diseñar estrategias sostenibles en el tiempo.
 
Reflexión final
El problema no es la apertura. El problema es no haber construido estructuras competitivas antes de que la competencia llegue.

El mercado no está castigando a las empresas. Está exponiendo sus debilidades.

Y, en ese proceso, está trasladando el poder de decisión al consumidor.

El comercio internacional dejó de ser una herramienta operativa.

Se convirtió en una disciplina estratégica, tanto para los gobiernos como para las empresas.

¿Cuáles son, entonces, las preguntas correctas que debemos hacernos?

¿Estamos operando con estructuras realmente competitivas, ajustadas a nuestro mercado?

¿Conocemos en profundidad y tenemos control técnico de nuestros costos?

¿Nuestro modelo resistiría un escenario completamente abierto?

¿Qué parte de nuestra operación no sobreviviría a un análisis profesional profundo?


 
Por último:
¿Los cambios propuestos en la legislación impositiva nacional han sido simétricos con las desregulaciones en comercio internacional?

¿Los precios globales, hoy convalidados por el consumidor, cuán lejos están de la capacidad real de oferta de importadores y PYMES?

¿Las estructuras de costos asociadas a operaciones de baja escala como los regímenes de Courier, pueden poner en jaque la dispersión de costos de importadores y empresas argentinas?

En un escenario de mayor apertura y eventual reducción del impacto impositivo, ¿qué marcos normativos deberían pensarse para mejorar la competitividad de la PYMEs argentina?

 
El comercio exterior no se resume a un mero trámite adicional.

Es una estructura profesional que, si no está diseñada a medida y con criterio técnico, inevitablemente falla.

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