Ricardo Runza
Ingeniero
Aeronáutico y Magíster en Defensa Nacional.
El peronismo tiene
una profunda identidad con lo militar. Esto fue resaltado en el primer Congreso
sobre Defensa realizado por el Partido Justicialista (PJ) el 15 de mayo, en
donde se expuso el pensamiento clásico del peronismo sobre soberanía y
geopolítica, doctrina e industria y tecnología. Ninguna idea ni cara nueva. Y
la pregunta es ¿por qué?
La respuesta es
simple. Porque lo que se dijo representa lo que quiere escuchar el destinatario
del mensaje: la corporación militar argentina. Es decir, que le sostengan una
fuerte reivindicación de la cuestión Malvinas, el Atlántico Sur y la Antártida
Argentina, que le mantengan conceptos doctrinarios históricos como “la nación
en armas” y el rol central del Estado en el instrumento militar y en el
bienestar de los uniformados (con un salario de élite); que le pongan énfasis
al desarrollo autónomo y a la producción nacional con las empresas estatales
existentes, y que le den más impulso a la ciencia y la tecnología aplicadas a
la defensa por medio de los canales tradicionales, sin importar de dónde sale
el capital para llevar a cabo todo esto.
En síntesis, una
promesa de más gasto militar a cualquier costa, sin importar para qué ni contra
quién y sin contraposición alguna con la experiencia internacional comparada o
con las enseñanzas que arrojan los principales conflictos en curso.
¿Y por qué le
habla así el peronismo a las Fuerzas Armadas? Porque quiere disputarle el voto
militar a Javier Milei repitiendo lo que ha hecho toda la élite política
argentina (salvo en algún breve interregno) en cuatro décadas de democracia: no
definir una línea de gobernanza moderna en el área de la Defensa, lo que los
lleva a declamar, otra vez más, el populismo militar como única opción política
para la defensa del país.
Esta propuesta se
hace ante un gobierno que ejerce un populismo militar conservador, porque el
presidente Milei no despliega en defensa ni liberalismo clásico ni escuela
austríaca de economía. Sigue la misma línea de gobernanza pre y post Segunda
Guerra Mundial en materia militar; claro está, desde una gestión democrática y
con fuertes limitaciones presupuestarias producidas por el recorte del gasto
público y la búsqueda de superávit fiscal que esta administración le impone al
Estado y —por ende— a la cartera de Defensa.
Sin embargo, es muy
difícil competirle a Milei porque no hay mayor acto de populismo militar que la
entrega del ministerio de Defensa a un general en actividad; a pesar que una
gobernanza bajo este formato no garantiza éxito y, lo más probable (por las
tensiones que genera entre las tres fuerzas), es que sean los propios militares
quienes pidan un siguiente ministro empoderado en el 2027 para arreglar los
descalabros acumulados.
Entonces, ya sea
para asegurarse fidelización o para la conquista del voto militar que le falta,
el Presidente le dio a las Fuerzas Armadas: una «no» política ni estrategia de
Seguridad Nacional y ninguna política de Defensa que los moleste y les imponga
alguna prioridad o dirección restrictiva a lo que quieren; viáticos y presencia
militar en la frontera norte (tal como hizo el kirchnerismo); más desfiles y
paradas en celebraciones patrias; abrazos a granaderos y alabanzas públicas;
presencia presidencial en actos institucionales y en ejercicios militares; más
compras de armas a pago con más deuda para el país y —sobre todo— con poco
control; más ejercicios militares con tropas y presencia militar de los EE.UU.;
más agregadurías y comisiones de servicio en el exterior; una nueva obra
social, sacándose de encima a la Prefectura Naval y a la Gendarmería Nacional,
todo más manejable desde cada fuerza, manteniendo la pesada estructura
hospitalaria existente, incluyendo hoteles, clubes de polo, golf y náuticos; ninguna
privatización de las empresas estatales de la Defensa, pero poca plata para
ellas; nuevas funciones en inteligencia; y ninguna “motosierra”, manteniendo
todas las redundancias intactas (burocráticas, logísticas, operativas, etc.).
Ni los jardines de infantes ni los colegios primarios y secundarios militares
se tocan, se cambian o se transfieren. Nada de desregulación y transformación
del Estado para la Defensa, excepto lo poco que se hizo en el Servicio
Meteorológico Nacional.
Hoy, el populismo
militar tiene por delante un escenario de continuidad. Tal vez, la única
diferencia importante que el peronismo mostró fue la presencia de los agregados
militares de la Embajada China en Buenos Aires en este evento mencionado. Toda
una señal política. Pero el populismo militar, venga de quien venga, es dañino
para el país y para los militares. Esto aún no es visto claramente por las
Fuerzas Armadas porque en la política argentina no hay nadie que plantee dejar
atrás este populismo y avanzar seriamente hacia una modernización del Sistema
de Defensa Argentino. Ni siquiera un Presidente de la Nación que se dice
libertario.
Publicado en diario Perfil.