Brasil se encamina a un proceso electoral sumamente ajustado y polarizado. Las principales estimaciones señalan un escenario "cabeza a cabeza" entre las candidaturas de Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, proyectando que la contienda probablemente terminará definiéndose en una segunda vuelta.
Esta elección trasciende lo meramente partidario y confronta dos modelos del país. Por un lado, una visión desde el “tesourazo" (o tijeretazo) prometido por Flavio Bolsonaro, equivalente a la “motosierra” de Milei, representado por la propuesta de corte de gasto y reforma del Estado. Por el otro, el "corte de picaña" prometido por Lula, es decir la promesa de recuperar el consumo y el bienestar económico popular. A la par de las propuestas económicas, el electorado medirá factores determinantes como la percepción sobre la ética y la corrupción, la gestión del presente y la tasa de rechazo que genera la figura de Lula.
El resultado en las urnas tendrá inmediatas repercusiones en la diplomacia y alineamientos regionales. Tendrá un claro impacto en la definición del liderazgo de la derecha regional, que hasta el momento, se encuentra encabezado por Javier Milei. Una victoria de Flávio Bolsonaro en Brasil —la mayor economía y territorio de la región— reconfiguraría este peso relativo de los líderes, desplazando el eje de influencia hacia Brasilia. Asimismo, podría rebalancear el peso relativo del bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), ya que el grupo de economías emergentes tiene en la figura de Lula a uno de sus principales impulsores. Una derrota de la centroizquierda significaría una pérdida considerable de peso institucional y político para el bloque en la región, quedando simbólicamente debilitado.
La relación bilateral Argentina-Brasil y la solidez del Mercosur
Más allá de la incertidumbre electoral, el vínculo económico entre Argentina y Brasil muestra una notable adaptabilidad y resiliencia. Pese a los cruces retóricos y las divergencias ideológicas entre presidentes, el marco institucional del flujo comercial se mantiene intacto. Brasil continúa siendo el socio comercial número uno de la Argentina, mientras que la Argentina se ubica como el tercer socio en importancia para el gigante sudamericano (detrás de China y Estados Unidos). Esto tiene que ver con la solidez del Mercosur (más allá de las propuestas internas de reforma). A más de 35 años de su creación, el bloque ha demostrado una fortaleza institucional por encima de los giros políticos de turno, preservando el libre comercio y el arancel externo común entre sus miembros.
Finalmente, ante la posibilidad estadística de un cambio de gobierno en Brasil más alineada con los objetivos estratégicos de los Estados Unidos debemos esperar que se aplique el clásico “teorema de Baglini” por el que las posturas de extremas tiendan a moderarse, asumiendo un poder pragmático en materia de vínculos comerciales. China es el principal socio comercial de Brasil (y el segundo de Argentina). En el contexto global actual, Estados Unidos prioriza mantener la prevalencia en materia de seguridad y defensa en la región, tolerando que los países latinoamericanos aliados sostengan al mismo tiempo vínculos comerciales estrechos con la potencia asiática. Un eventual gobierno de Bolsonaro, por tanto, tenderá a preservar esta relación comercial estratégica más allá de la retórica electoral y el realineamiento en asuntos de seguridad global y estratégica.
Como estamos observando en diversos países de la región, América Latina es una pieza relevante en la división de áreas de influencia en el nuevo tablero global.