Enrique Blasco
Garma, economista, exsubgerente del Banco Central y en los últimos años asiduo
columnista de Infobae, murió esta semana, a los 85 años.
Blasco Garma era
un convencido de la libertad política y de mercados y enfatizaba la importancia
de la lucha contra la corrupción. Una de sus obsesiones era cómo reducir y
eventualmente eliminar la pobreza, tema de su último libro, publicado en 2018,
“Fin de la pobreza”.
Especialista en
Teoría Monetaria Internacional, Blasco Garma se graduó de economista en la UBA
y realizó estudios de postgrado en la Universidad de Chicago, donde fue
discípulo de Milton Friedman, a quien en sus columnas en Infobae hasta hace
pocas semanas se refería como “mi querido profesor”.
Su larga
trayectoria y su amor por la libertad le permitieron desde asistir como
estudiante en marchas por los derechos civiles encabezadas por Martin Luther
King, asesinado en 1968, hasta, ya como economista, participar en los debates y
estudios sobre la dolarización de Panamá.
Blasco Garma
sostenía que uno de los principales descubrimientos de la humanidad es que los
intercambios libres crean riqueza. “Ese es el milagro: las partes que pueden
intercambiar libremente, ambas se favorecen simultáneamente”, sostenía. También
le preocupaba mucho el daño que la generan la corrupción y el exceso de
regulaciones. En ese aspecto, comparaba a menudo los índices de transparencia
internacional con los indicadores de prosperidad económica.
Además de
funcionario del Banco Central, fue subsecretario de Finanzas de la provincia de
Buenos Aires y director del Banco Provincia. Su libro de 2018 fue presentado
por Ricardo López Murphy, quién además en su prólogo escribió que la obra de
Blasco Garma respondía “a una búsqueda histórica de los intelectuales, que es
cómo acceder a un mundo más próspero para un número cada vez mayor de
ciudadanos del mundo”.
Riqueza y pobreza
Como economista
profesional fue también director de empresas como Telefónica Argentina y
General Motors y en su libro recordó el espectacular avance tecnológico de las
últimas décadas, sin olvidar a su vez que, por ejemplo, Sudán del Sur tiene un
PBI de menos de USD 300 anuales por habitante, mientras el de Suiza es de
80.000 dólares. “Son brechas impresionantes. ¿Cómo puede pasar eso en el mismo
planeta, con conocimientos que no pueden ser muy diferentes, sin grandes
secretos, con comunicaciones y en un mundo globalizado?”, se preguntaba, además
de precisar que el 35% de la población mundial vivía entonces en países cuyo
ingreso promedio es inferior al que tenía Italia en el año 1500. Y tres cuartas
partes de la población en países cuyo ingreso es inferior al de Inglaterra hace
100 años.
“Esa es la
pregunta, y son promedios anuales de países, no de los más pobres. Son
dispersiones impresionantes”, dijo en una entrevista que ese año se realizó en
los estudios de Infobae.
Estado, país y la
sencillez del fútbol
Recordamos aquí
un pequeño pasaje de aquella entrevista:
– ¿Cuánto tiene
que ver los Estados en todo esto, según su teoría?
– El Estado es
decisivo. Pero la ideología de la gente, también. Cuando esa ideología no
favorece a convivir, a los acuerdos y a tratarse bien, no se puede. Cuando hay
enemigos, se complica vivir en comunidad. El Estado tiene un rol fundamental,
porque maneja, decide y pone reglas.
– ¿Qué pasa en la
Argentina?
– En la Argentina
lo más durable son las normas transitorias. Cuando tenemos cambios permanentes,
nos sentimos maltratados. Uno de los aprendizajes fundamentales es el fútbol,
que es el deporte más popular del mundo. Es un deporte con pocas reglas: el que
va por primera vez a verlo lo entiende enseguida. Son reglas estables, que no
cambian. No se favorece a nadie y los que tiene más habilidades, triunfan. El
árbitro decide en el momento, no espera un año para decidir cómo fue la jugada.
Además, está controlado por la gente y por la FIFA, no es independiente ni hace
lo que quiere. Si el fútbol fuera gobernado por la Argentina no existiría más,
cambiaríamos las reglas todo el tiempo y no sería posible. La riqueza viene de
que haya reglas iguales para todo el mundo.
Fuente:
Información publicada en INFOBAE.